Fragmentos

juan ruesga navarro

Sevilla, papel, tijera....

Cuestiones como el calentamiento global se superponen a los problemas del barrio

Hoy en día percibimos nuestras ciudades y, en cierto sentido, toda nuestra vida como un collage, más que como una obra unitaria y de una sola textura. Y ello nos enfrenta a una existencia que nos exige decidir cada día cual es nuestra posición tanto en los asuntos de nuestro entorno como en la existencia más íntima y personal.

La técnica de los papeles recortados y la cola no sólo marcó la revolución en la pintura a principios del siglo pasado, el momento más innovador, más poético, sino que ha mostrado a lo largo de este tiempo su capacidad de reflejar toda una época, "la soberanía del pensamiento" en palabras de Tristán Tzara.

La facilidad con que manejamos en los ordenadores la técnica de cortar y pegar ha impregnado todo nuestro pensamiento y la expresión del mundo actual. Desde Picasso y Braque, los creadores, pasando por Renau o Heartfield y sus fotomontajes, hasta nuestros días, en que plásticos, novelistas, arquitectos, coreógrafos, dramaturgos, directores de cine, cocineros, etc… nos expresamos mediante fragmentos de la realidad o de la ficción, que ensamblamos y superponemos, para poder contar nuestra visión del mundo: fragmentario, inabarcable, cambiante, contradictorio, de múltiples texturas.

Hace tiempo que dejamos de creer en la unicidad y perfección del universo, en el equilibrio exacto de las cosas. Como alguien ha dicho, vivimos un tiempo de desgarro, tijera y papeles de periódico. Nos llegan múltiples informaciones, pero incompletas, e imágenes simultáneas desde cualquier lugar del planeta, que han sido seleccionadas en una mesa de edición. Cuestiones como el calentamiento global se superponen a los problemas de nuestro barrio, como la recogida de basuras y el transporte urbano y no sirven recetas de otro tiempo. Cuando pensábamos que habíamos llegado al equilibrio de la sociedad del bienestar basada en el libre mercado y en el proyecto de una Europa unida, vemos que todo se tambalea. Reclamamos que nuestros gobernantes resuelvan la gran contradicción que entre todos hemos creado.

Como por ejemplo querer que nuestra ciudad sea distinta a las demás pero a la vez tenga los estándares de vida y confort que las centroeuropeas. Comer caracoles en mayo y tacos y sushi todo el año. Y si nos lo traen a casa, mejor. La ciudad en la que vivimos, Sevilla, se transforma delante de nuestros ojos. Más compleja y más interesante.

Hace años sabemos que los problemas del centro histórico hay que resolverlos en la periferia, pero, ¿sólo vivimos en una ciudad o en más de una? La fórmula de una ciudad con muchos centros es la más eficaz. Pero no terminamos de aceptarla. A veces nos producen bienestar los cambios, otras veces desasosiego. Pasamos los días con las tijeras y la cola, tratando de dar forma a los fragmentos que componen nuestra existencia y la de nuestra ciudad.

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