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La ciudad y los días

Carlos Colón

Sombra de muerte sobre el Camp Nou

El terrorismo es una infiltración de la muerte en la vida cotidiana. En un partido de fútbol, por ejemplo

Iimposible no sentir un escalofrío al leer que los yihadistas que sembraron la muerte en las Ramblas el pasado 17 de agosto pensaban atentar contra los espectadores que asistieron al partido Barcelona-Betis tres días después. Incluso dos miembros del grupo islamista compraron productos en la tienda del club, "con lo que no se descarta que quisieran hacerse pasar por aficionados para entrar al campo con explosivos encima".

El objetivo del terrorismo es sembrar el terror con acciones imprevisibles y aisladas. No hay declaración de guerra, aunque en este caso distintos líderes islamistas hayan declarado la guerra santa contra Occidente, todos los infieles y los musulmanes "relajados", sino una infiltración de la muerte y la destrucción en la vida cotidiana de ciudadanos comunes que viven con la confianza que las leyes y la paz garantizan.

Europa ha padecido el terrorismo desde el siglo XIX, primero por obra de los anarquistas, después de los totalitarismos, tras la Segunda Guerra Mundial de distintos grupos nacionalistas (IRA, ETA) o de extrema derecha e izquierda (Orden Nuevo, Brigadas Rojas, Baader Meinhof) y desde finales del siglo XX hasta hoy, muy especialmente desde el 11-S, por los islamistas. Recuerdo a los avestruces biempensantes que según la RAE islamista significa "perteneciente o relativo al integrismo musulmán". Y que se trata, no de todo el islam, por supuesto, pero sí de una realidad presente en él desde sus orígenes, no del resultado de las políticas coloniales y poscoloniales. El reparto colonial del Oriente Próximo entre Inglaterra y Francia en 1916 no creo que tuviera que ver con la invasión de la península en 711, las oleadas almorávides y almohades sobre Al-Ándalus en los siglos XI y XII, la caída de Constantinopla en 1453 o el asedio de Viena en 1683.

No conozco mejor retrato del terrorista que el final de El agente secreto de Conrad: "El incorruptible Profesor caminaba, apartando sus ojos de la odiosa multitud de la humanidad... Él era una fuerza. Sus pensamientos acariciaban imágenes de ruina y destrucción. Caminó frágil, insignificante, andrajoso; miserable y terrible en la simplicidad de su idea que convocaba a la locura y la desesperación para regenerar al mundo. Nadie lo miraba. Y avanzó, insospechado y mortífero, como una peste en las calles llenas de hombres". Esta peste camina entre nosotros.

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