La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Sufrimos una clase política sin altura

Estos tíos no valen nada, no han aprendido ni después de los encierros, miles de muertos y ciudades marcadas por la tristeza

Sufrimos una clase política sin altura Sufrimos una clase política sin altura

Sufrimos una clase política sin altura

No paran de repetir los mismos errores. Los unos y los otros, los de una acera y los de la de enfrente. Superamos los diez meses de pandemia en España y nuestros políticos no han aprendido nada. Esta terrible situación no les ha hecho salir del cortoplacismo sonrojante, de las contradicciones más temerarias y de la descoordinación más evidente. Siguen con sus cantinelas, sus maniobras de despiste y sus jueguecitos de tronos. ¿Qué pinta ahora el vicepresidentillo del Gobierno escupiendo comparaciones estúpidas entre los republicanos exiliados y un delincuente como Puigdemont? La política española tardará en conocer un tipo tan manipulador, demagogo, cargado de prejuicios, sembrador de odio y aprendiz de encantador de serpientes como Pablo Iglesias. ¿Qué me dicen del PSOE andaluz? Unos se están jugando a los dados las pertenencias de Susana mientras ella se atornilla al sillón, todo lo cual ocurre con España al borde del colapso sanitario. El Gobierno andaluz lo mismo confina localidades que nos permite ir a esquiar a Granada. ¿Pero no habíamos quedado en que debíamos quedarnos quietos? Ya ocurrió en verano, cuando la Junta nos recomendaba prudencia, pero nos ofrecía bonos de hoteles para viajar a menor coste. Nos vuelven locos, ponen de los nervios a los agentes de los cuerpos de seguridad, a los que cambian la normativa a aplicar cada cinco minutos. Esta pandemia nunca debió perder el mando único por mucho que los presidentes autonómicos reclamaran su parcela de gestión. Todos los especialistas que se pronuncian denuncian la insensatez de que no rijan los mismos criterios para todos. Ofrecemos un espectáculo vergonzoso y descorazonador. El Estado de las Autonomías, tan eficaz en muchísimas ocasiones, resulta infructuoso para sacarnos de este hoyo en que nos metimos tras el verano y después de Navidad, los dos periodos en los que el buenismo nos hizo perder todo lo conseguido. El presidente del Gobierno se desentendió de la pandemia. ¡Qué astuto! Juega a la peor política usando nada menos que al ministro de Sanidad para trincar poder en Cataluña. Su ideología no es otra que el poder por el poder. Ni siquiera por decoro ha sido capaz de mantener a Illa en el ministerio más importante ahora en España. Qué más da. Como si el proceso de vacunación estuviera siendo modélico. Urge que se acelere la administración de las vacunas, es nuestra única salvación. Porque estos tíos no han aprendido nada. Ni a base de encierros, miles de muertos y unas calles marcadas por la tristeza. No valen nada.

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