Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Tapia, un soplo de normalidad

En un Betis donde rigen la anarquía y el mal gusto, cada aparición pública de su técnico es muy de agradecer

AVANZA el verano y se acerca de forma inexorable una nueva temporada con el tiempo de laboratorio a la vuelta de la esquina y muy distintas vibraciones en cada casa. Así, por ejemplo, no más parece en el fútbol patrio que quien fue al copo de triunfos no fue el que fue sino el que ha puesto sobre el tapete una cifra indecente de dinero. Pero es que más indecentes resultan esas ardorosas defensas en forma de artículos de opinión que no son creíbles ni por los que los firman. En fin, que la cuota de espacio es la cuota de espacio y que, increíblemente, ahora parece que quien ganó fue el que perdió y viceversa.

También en Sevilla se camina hacia una nueva campaña y aquí sí que las cosas vibran de manera diametralmente opuestas en cada acera futbolística. Desde el Sevilla se propala a diario que ya se respira Champions, mientras que en Heliópolis no terminan de cerrarse las heridas. Y no se cierran porque alguien se encarga de que no cautericen a base de echarles sal un día sí y otro también. Es una especie de alfa y omega la que nos está tocando vivir en este verano de ilusión en Nervión y de desesperanza en Heliópolis, con aromas de Champions en una acera y de podredumbre en la otra por el afán del que manda de pudrirlo todo, que vaya lo bien que lo hace.

Y en las entrañas de la situación, de tan bipolar situación, una sorpresa. Sorpresa que no sé cómo la definirá el tiempo, si agradable o no. Es la figura de Antonio Tapia, el flamante entrenador del Betis, y que en cada declaración muestra una coherencia poco corriente. Pero, a la misma vez, saca a relucir una bonhomía y unas intenciones tan buenas que no suenan a moneda de uso normal en este fútbol... Y en este Betis, en lo que queda de Real Betis Balompié. Todo lo que dice suena a normal, incluido lo que opina de Arzu, y eso choca porque en este Betis, aún Real Betis Balompié, la normalidad es algo que se fue por la ventana a la par que por su puerta entraba Lopera.

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