Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
Tres tiroteos en Sevilla en los últimos seis días al que se une otro en Lebrija. De los tres de la capital dos se produjeron en el Vacie y uno en el Polígono Sur, siendo este el que ha provocado una víctima más grave: tras recibir un disparo en la cara ayer permanecía en estado crítico. El de Lebrija tuvo lugar en una "guardería" de la droga ubicada en un polígono industrial. Menos de un mes antes, el 29 de septiembre, como recordaba ayer el compañero Fernando Pérez Ávila, los agentes del Grupo de Homicidios y el Grupo Operativo Especial de Seguridad fueron recibidos a tiros al hacer un registro en una parcela de Coria del Río en el marco de una investigación sobre la búsqueda de un joven desaparecido. Tras el intercambio de disparos el cadáver de este fue hallado en un pozo.
Los lugares en los que los tiroteos se han producido en Sevilla capital no son casuales: el Vacie y el Polígono Sur. El asiento chabolista, pese a las intervenciones de carácter social y reasentamiento que se están llevando allí a cabo, es lo que su propio nombre dice: algo que está por debajo incluso de los barrios conflictivos, marginales y empobrecidos. El Polígono Sur es el barrio más pobre de España seguido por otros cinco hasta completar el dato desmoralizador de que de los 15 barrios más pobres de España, seis sean sevillanos. Nuestra ciudad es en este sentido la peor de una Andalucía que a su vez bate el récord de que nos correspondan 12 de los 15 barrios más pobres de España: seis en Sevilla, cinco en Córdoba y uno en Málaga.
La miseria, como denunció Víctor Hugo en su obra revolucionaria, engendra miserables. En la nota introductoria de Los miserables denunciaba ya en 1862 la "condenación social que crea artificialmente infiernos en plena civilización". Infiernos en los que "el culpable no es aquel que comete el delito, sino quien instaura las condiciones para que éste sea cometido". Esta última afirmación es desde luego matizable, porque existe en la naturaleza humana una tendencia al mal, la violencia y el delito que no tiene que ver con el entorno social. Pero es también indiscutible que determinados entornos de marginación, pobreza y degradación no solo la favorecen: condenan a ella a muchos que se ven arrastrados por el entorno y la falta de oportunidades. Lo imperdonable, la más grave culpa social, es que en estos "infiernos en plena civilización" los niños nazcan condenados.
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