Editorial

Tráfico privado por el centro de Sevilla

EL primer teniente de alcalde y portavoz municipal de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, ha vuelto a reivindicar la entrada en vigor "de forma inmediata" de la ordenanza que prevé cerrar el centro histórico de Sevilla al tráfico privado, una medida que se aprobó en la primavera de 2008 y que hasta ahora no ha entrado en funcionamiento. Podríamos decir que la medida no es una realidad por suerte para los que viven, trabajan o tienen sus negocios en la ciudad intramuros. Sevilla cuenta con uno de los cascos históricos más extensos de Europa y cerrarlo al tráfico supondría, hoy por hoy, condenarlo a ser un desierto comercial y un lugar sin vida. Sacar los coches de una zona de calles estrechas y con gravísimos problemas de aparcamiento es una pretensión justificable: peatonalizar algunas calles ha contribuido a hacer el centro más habitable y ha supuesto, además, un fuerte impulso para el comercio que se ha instalado en ellas. Pero de ahí a pensar que el cierre total del casco histórico al tráfico privado sólo traería beneficios va un mundo. No hay que meterse en grandes profundidades analíticas para deducir que esta medida tendría un coste desastroso para la ciudad. Antes tendría que existir una red de aparcamientos rotatorios en el entorno del recinto histórico que permitiera dejar el coche para poder acceder al centro en transporte público. Pero ni los aparcamientos que estaban previstos están hechos ni el transporte público de Sevilla está en condiciones de plantear una alternativa global al coche privado. Si los aparcamientos fueran una realidad, si el Metro llegara hasta el centro de la ciudad, si el tranvía sirviera para interconectar distintas zonas, si los autobuses pudieran alcanzar sin estrecheces las áreas comerciales, si el servicio de taxis mejorara sustancialmente sus prestaciones, entonces quizás sí podrían plantearse medidas para aligerar el centro de vehículos privados y dejarlo sobre todo para residentes y servicios públicos. Pero en las actuales condiciones sería un ejercicio voluntarista que sólo conseguiría agravar los muchos problemas que ya tiene la zona.

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