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María José Andrade Alonso

Treinta monedas de plata

Aquello nos enseñó que, al igual que ahora, por apenas nada se vendió lo más valioso: la lealtad

23 de noviembre 2023 - 01:00

“contaron para él treinta monedas de plata. Desde entonces, Judas esperó la oportunidad para entregarlo”. Mateo 26:14-6.

Treinta monedas de plata. Esa es la cantidad exacta que recibió Judas para entregar, como aquí queda recogido, al que fue su maestro y el de los once apóstoles que le acompañaban aquella noche interminable, en la que Jesús cumplía con lo que Él sabía que ocurriría. Este pasaje cambió la Historia y el devenir. Pero aquello encerraba un significado más profundo. Contenía una intención que aún hoy muchos nos preguntamos por qué aquel instante, que lo cambió todo, dio paso a que nosotros cuestionemos en el presente. ¿Te has sentido traicionado alguna vez por un amigo tuyo o un familiar? ¿Valió la pena para esa persona hacerlo? ¿Qué recibes cuando lo haces? Estos son algunos de los interrogantes que podríamos aplicarnos en nuestro día a día. Y es que la traición, aquella falta de honradez y fidelidad que acometió Judas, la ha llevado a cabo el hombre a lo largo de los siglos.

El ser humano tiene la mala costumbre de no mirar atrás. Y en el caso de realizar este ejercicio de responsabilidad, si resulta que no le gusta, suele cambiar la Historia porque, total, ¿quién va a tener la “curiosidad” de analizarla? Pero resulta que sí. Da la casualidad de que son muchos los que vuelven la vista al pasado, porque lo que éste recoge queda “negro sobre blanco”, es decir: ESCRITO. Y es que lo escrito, la palabra, aquello que pasó de padres a hijos, para quien no lo sepa, permanece. Y sí, aquella traición quedó para siempre en la mente de todos. De la misma manera que son muchos los que no están dispuestos a olvidar ni a pasar de largo por los hechos que están teniendo lugar, en estos momentos, en España.

Ahora, el pago recibido no ha sido treinta monedas de plata, como aquellas que correspondían “al precio exacto que se pagaba al amo de un esclavo, si éste había sido corneado por un buey, para compensar su muerte y entierro”. (Éxodo 21:32). Ahora es todo más sofisticado, más técnico, más elaborado y más estilizado porque se apela, constantemente a la convivencia y al beneficio de la comunidad y el bien común. Una convivencia que se ha roto por el provecho de unos pocos. Por ocultar trampas y no enseñar y contar la verdad a este Pueblo Soberano al que hay que preguntar, sin dar por hecho, como acontece en numerosas ocasiones, que se nos puede molestar porque, y por si no lo sabían, somos adultos.

Aquel pasaje, con el que comienza este artículo, terminó como terminó: Judas fue consciente de lo que hizo, y la culpa, esa culpa que lo llenó de dolor por lo que había hecho, lo llevó a arrojar aquellas treinta monedas a la nada. ¿Saben cómo fueron utilizadas por los líderes? Compraron el campo de un alfarero. Aquel sitio fue maldito, porque fue el escogido por Judas para ahorcarse. Aquello marcó un antes y un después. Un cambio que, al igual que ahora, nos enseñó que, por apenas nada, se vendió lo más valioso: la lealtad.

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