La tribuna

francisco Casero Rodríguez / /

Vías de competitividad para Andalucía

ANDALUCÍA necesita más que nunca dotarse de un nuevo modelo productivo. La debilidad estructural del actual es notoria, supone sólo el 13% de la producción nacional cuando le correspondería el 16%, en relación a la población.

El despliegue de políticas sociales que ofrezcan de forma eficiente unos servicios educativos, sanitarios, de dependencia y de cobertura de necesidades básicas, requieren de la generación de recursos para financiarlas. Esa riqueza tiene que proceder de iniciativas empresariales privadas que incorporen empleo y valor añadido.

Conseguir hoy el fortalecimiento del tejido productivo andaluz requiere la alineación de tres factores cruciales: la racionalización del sector público y, por ende, la reducción y agilización de los trámites burocráticos, el acceso a la financiación a precios ajustados y la máxima competitividad en los mercados finales.

Es esencial la disminución de trámites administrativos. Son cruciales las recientes promesas de la presidenta de la Junta de Andalucía de reducir las trabas burocráticas. Objetivamente estamos en uno de los peores lugares del mundo para iniciar proyectos empresariales. En el informe internacional Doing Business, España aparece en el lugar 44. En el ranking mundial de competitividad elaborado por el Institute for Management Development, el puesto 45. Son necesarios de media, 10 trámites administrativos y 47 días solamente para constituir una empresa. Y una vez el proyecto en marcha, las dificultades burocráticas persisten.

Los costes de la Administración, según el profesor Eduardo Gamero, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Pablo de Olavide, ascienden a un 3,6% del PIB en la UE, y en España, la cifra sube al 4,6%, unos 40.000 millones de euros al año, que van destinados exclusivamente a cumplir formalidades administrativas.

El entramado administrativo y su complejidad ejercen un importante efecto disuasorio sobre la cultura emprendedora, que se convierte en una auténtica carrera de obstáculos en forma de costes y tiempo. La carga administrativa es un coste intrínseco que reduce la competitividad de los proyectos.

El resultado lo vemos reflejado, trimestre a trimestre, en la tendencia de la economía andaluza. Los últimos datos publicados por el Instituto Andaluz de Estadística sobre el nivel de confianza de las empresas indican que el empresariado andaluz está convencido de que la situación continuará empeorando en 2014.

Hay caminos para mejorar esta situación. Poner en marcha una simplificación efectiva y real de los trámites burocráticos, que los acorte en número y tiempo, reconocer las singularidades de la pequeña industria y poner en funcionamiento un marco general de la declaración responsable, similar al modelo anglosajón, podrían ser avances decisivos.

La financiación para realizar inversiones, para soportar el circulante, para tener liquidez y operar, es básica en cualquier sector de la producción. Dejar al tejido empresarial sin financiación es como dejarlo sin flujo sanguíneo. Ideas ilusionantes, factibles, rentables, esperan una financiación imprescindible para su puesta en marcha. Según el empresariado andaluz, el factor que más limita la marcha de su negocio, junto a la debilidad de la demanda, es la falta de crédito (47,80%).

En Andalucía se ha reducido en los últimos tres años un 6,6% el volumen de créditos al sector privado. Las condiciones de acceso al crédito se vuelven más rígidas y gravosas cada día que pasa.El saneamiento del sistema bancario, puesto como prioridad política, está estrangulando a otros sectores. El volumen de activos inmobiliarios en poder del sector financiero es inmenso, su proceso de recapitalización es lento, el efecto lo sufren familias y empresas.

A la excesiva burocracia y la escasez de crédito citados hay que añadir que aún no hemos sido capaces de poner en valor nuestro tejido empresarial, compuesto esencialmente por entidades de reducido tamaño; un 96,36% de las empresas andaluzas tienen menos de 10 trabajadores. Las conocidas reducciones de plantilla no hacen sino agravar esta tendencia.

Para la creación de riqueza y empleo, para mantener niveles de servicios públicos, Andalucía necesita más que nunca de sus pymes, del empleo y la riqueza que generan. La competitividad de este tipo de empresas pasa hoy por la cooperación, superando antiguos modelos que hablaban de concurrencia competitiva. Unas pymes competitivas son también el aliado idóneo para las medianas y grandes empresas andaluzas que igualmente tienen que seguir siendo punta de lanza.

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