La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Viernes morado

El morado del Gran Poder representa el más radical compromiso de vida con la justicia y la igualdad

Hoy, como el viernes pasado, como el que viene y como todos los que han sido desde que se instituyeran en 1760 y todos los que serán mientras una sola alma encuentre allí consuelo, una sola vida encuentre allí sentido, una sola persona humillada encuentre allí valedor, una sola víctima encuentre allí defensor o una única soledad encuentre allí ternura, es para muchos de nosotros un día teñido de color morado: el morado de los viernes del Gran Poder.

El morado del Gran Poder no representa un ruidoso compromiso con la justicia y la igualdad que los intereses políticos manipulan hoy y olvidan mañana, sino un silencioso compromiso de vida con la igualdad entre todos los seres humanos "sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Esto, que está escrito en nuestra Constitución, es aún más radical en esa Constitución de los cristianos que son los Evangelios. La Bolsa de Caridad del Gran Poder -como todas las instituciones católicas- atiende a todos por igual sin importar en qué creen o no creen y su procedencia, raza o sexo.

En el morado del Gran Poder resuena el eco del más formidable y prolongado grito que en la historia de la Humanidad se haya elevado contra la opresión, la injusticia y la desigualdad, contra los verdugos y a favor de las víctimas, contra los ofensores y a favor de los humillados, contra los poderosos y a favor de los humildes e indefensos. Un grito con más de tres mil años que se oye a lo largo de todas las Escrituras, desde el principio del Génesis -"la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra"- hasta el fin del Apocalipsis -"yo vengo pronto para recompensar a cada uno según sea su obra"-, cuando, justo en este pasaje último, el Señor se reviste de la gloria que para él bordó Ojeda: "Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin, el primero y el último".

Con razón escribió el agnóstico George Steiner que "el marxismo es una nota a pie de página del judaísmo". Y el comunista André Malraux que "pocas veces [como en la primera predicación cristiana] han hablado al dolor humano la lengua que podía realmente entender". De esto va el morado del Gran Poder. El Señor que, según el republicano Núñez Herrera, "aún lleva sobre sí las briznas de la carpintería de José y el dolor antiguo de los proletarios".

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