carlos / mármol

'Vietcongs'

LA esperanza -dicen- es lo último que se pierde, aunque uno siempre ha creído que el valor supremo es la honra. La dignidad. Los socialistas, que en esta absurda campaña en la que todo parece estar decidido de antemano aspiran a fracasar con cierto honor, presentando desigual batalla, que diría El Quijote, han optado en los últimos días del camino hacia el Calvario por intentar combatir la guerra psicológica, que tienen perdida desde hace dos años. Por eso insisten en que las encuestas conocidas no son del todo exactas -ninguna lo es- y proclaman que los indecisos todavía pueden comprar su mensaje: Rajoy no dice lo que va a hacer; ergo será malo.

No es por quitarles la ilusión, ni tampoco la razón (que quizás en esto la tengan), pero lo cierto es que la victoria de el PP es imparable no tanto por la diferencia -sideral- de votos que le otorgan todos los sondeos, sino por un aspecto en el que muchos, acaso, no habrán reparado: una buena parte de los votantes del PSOE ya no ven con malos ojos que Rajoy gane. Los votantes de la izquierda también forman, como decía Baroja tras su dura etapa como industrial panadero, una burguesía del proletariado. Y la burguesía, con independencia de los adjetivos que gaste, al final siempre es conservadora.

La moral de los socialistas sigue perdida en algún punto del subsuelo. Enterrada. La situación es crítica, lo que explica ciertas estampas de desesperación: a Felipe González (el estadista) criticando en los mítines a Cayo Lara (el agricultor) o a todos los hombres fuertes del socialismo -salvo Zapatero- rogando a sus electores que les voten incluso aunque estén "cabreados" con ellos. De donde se infiere una extraña lógica: votadnos aunque en realidad queráis matarnos. Como el personal es de natural pacífico, incluso a pesar de la desesperanza que se percibe en la calle, lo lógico es que hagan algo peor: voten a Rajoy. Es el mayor castigo.

La clásica apelación de los socialistas al voto vietcong -esos simpatizantes del PSOE que a pesar de no estar de acuerdo con los suyos al final van a votarlos por eso: por ser los suyos- denota que el socialismo de campaña no es capaz de romper con sus propios tópicos. Los vietcongs existen, pero son una guerrilla. La guerra ya está perdida. Sólo queda negociar la rendición.

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