La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Vigila, hijo, vigila

Lo ganado a los coches ha sido conquistado por la marabunta medio en pelotas y sus proveedores

La peatonalización progresiva de Mateos Gago avanza con éxito. Aún no han destrozado la fisonomía de la calle quitándole aceras y adoquines, pero ya se notan los efectos benéficos de las medidas de nuestro querido Ayuntamiento. El griterío de los turistas que llenan la calzada, abarrotan los veladores y se apelotonan fuera de los locales hasta invadir la calle es atronador, especialmente los fines de semana y durante los puentes como el de la pasada semana. Parece que el civismo de quienes nos visitan no es muy elevado. Hacen muchísimo más ruido que el tráfico que había antes. Y se desata el apocalipsis cuando aparece una charanga que toca música de gasolinera con añadidos castizos tipo Se te nota en la mirada, Carmen de Los Chunguitos y Paquito el chocolatero o cuando la ocupan simpáticas despedidas de solteros con megáfono para que nadie se pierda las gracias de las mozas o los mozos.

Calles peatonales ha habido siempre en Sevilla. Y no eran estos ruidosos y caóticos corrales turísticos sino las más silenciosas y tranquilas. Rumor de vida ciudadana nada más. Y cuando apretaba el calor las siestas imponían un silencio absoluto. En Santa Cruz y todo el entorno de la Catedral sucede lo contrario. Calle peatonalizada es calle ruidosa porque lo ganado a los coches, que han resultado ser menos molestos que los turistas, ha sido conquistado por la marabunta medio en pelotas, los veladores y las multitudes fuera de los bares. ¡Y cuán gritan estos malditos sin que nadie les haga pagar caros sus gritos! Por el contrario: nuestro querido Ayuntamiento parece empeñado en facilitar que la contaminación acústica torture a los cada vez menos vecinos que van quedando.

Leo que Sevilla es la cuarta ciudad de España con más probabilidades de robo en el hogar. Y fuera de él, añado, para quienes viven en su corazón histórico. Robo de entorno habitable, comercios, servicios, fisonomía, silencio y paz. Supongo que acabaran yéndose todos los vecinos hasta que solo haya hoteles y apartamentos turísticos. Y que unos pocos intentarán aguantar como Martin Balsam en "El justiciero de la noche". Pero sin Charles Bronson que los salve. Y ahí acabará todo porque sus hijos no querrán vivir en ese zoco ruidoso. ¿Y el alcalde qué dice? "Hay que vigilar para que la saturación no se convierta en un problema". Vale. Resulta que no hay problema. Pues vigila, hijo, con tanta eficacia como hasta ahora. Quis custodiet ipsos custodes?

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