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Dentro de este eterno carrusel de efemérides en el que vivimos, nos toca el próximo lunes celebrar el cincuenta aniversario de la concesión del Premio Planeta a Manuel Ferrand por Con la noche a cuestas, novela ambientada en los años de la construcción de Los Remedios, barrio en el que habitó este escritor, periodista y profesor hoy olvidado, pero al que debemos libros fundamentales en el macuto de cualquier caminante urbano que se precie, como La naturaleza en Sevilla o La gastronomía sevillana, por no citar aquel monumento que fue Calles de Sevilla, en el que los textos de Ferrand se acompañan de unas fotos en blanco y negros tomadas por un Alberto Viñals en estado de gracia.

Los Remedios no es ajeno a la mejor literatura sevillana de la segunda mitad del siglo XX: allí vivió también hasta su reciente muerte Julio Manuel de la Rosa, quien escribía y fumaba con la misma pasión en sus aposentos de Virgen de Luján, y allí habita aún el crítico y académico Juan de Dios Ruiz-Copete, que en su piso junto al Santiago (el bar alfa del barrio), se ha dedicado al estudio y difusión de los narraluces y otros escritores al sur de Sierra Morena.

Además de la novela de Ferrand, de los orígenes de Los Remedios guardaba memoria oral un camarero-bardo, cuyo nombre hemos olvidado, pero que narraba con entusiasmo los años infantiles en los que, como un niño yuntero, se ganaba la vida vendiendo lingotazos de aguardiente a los muchos albañiles que acudían todas las mañanas a los tajos para construir este barrio, hijo del desarrollismo y la especulación, en el que convivían las casas baratas del Régimen con los pisos de lujo de Plaza de Cuba (más del Régimen todavía).

Pero todo eso es prehistoria de la rive-droite del Guadalquivir. Después vino lo que todos sabemos, la expansión, esplendor y decadencia de un barrio burgués y mesocrático que ha sido marginado sistemáticamente por los distintos ayuntamientos, especialmente (por motivos freudianos que se nos escapan) por los del PP, pese a ser el más generoso de sus graneros electorales. En Los Remedios no se puede hablar de abandono, sino de ensañamiento municipal.

Ahora, cosa extraña, es Juan Espadas (un socialista sin sectarismos) el que ha empezado a pagar tímidamente una deuda histórica acumulada durante décadas. Paralelamente, por un proceso de inexorable renovación biológica, vuelven las parejas jóvenes y, con ellas, la función reproductora. Según un informe de la inmobiliaria Barnes Spain, Los Remedios de nuevo está de moda y sus casas se cotizan cada vez más al alza. Como en los tiempos de Ferrand, regresan las hormigoneras al arrabal burgués, pero ahora no para la construcción de nueva planta, sino para renovar un caserío envejecido. Esperemos que esta vez sobren la avaricia de los constructores y los prejuicios y complejos de algunos gobernantes.

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