Las dos orillas

josé Joaquín / león

Xenofobia con burbujas

UNO de los principales problemas de la política española es que no se mide igual a los otros que a los nuestros. Esto se nota, por ejemplo, en la corrupción, donde la vara de medir es elástica. Algunos pensarán que el público es ciego o tonto, y no se entera de nada. Pero esto pasa en casi todas nuestras actividades, no sólo en los casos de corrupción. Pasa incluso con las burbujas del cava catalán. A propósito del anuncio de Freixenet, donde se resalta lo que une por encima de lo que separa, se ha destacado que no es del agrado de los independentistas catalanes. Es posible que Artur Mas, Oriol Junqueras y demás secesionistas opten en las fechas navideñas por otras marcas más suyas, aunque también estén elaboradas con las uvas macabeo, xarel.lo y parellada.

El boicot de los catalanistas a Freixenet tiene mandanga, porque sucede a otro anterior de ciertos españolistas furibundos, mayormente residentes en Madrid. Son los que propusieron un boicot al cava catalán (en general, sin distinción de marcas) en anteriores fiestas navideñas. Son los que recomendaron el consumo de los espumosos de Extremadura, Valencia, La Rioja o no sé donde. Pues al calor del presunto boicot empezaron a producir cava (o bebida parecida) hasta en las bodegas más desperdigadas de pueblos perdidos.

Es indudable que Freixenet no hubiera elaborado ese anuncio sin aquel intento absurdo de boicotear el cava catalán que surgió con anterioridad. Han puesto el parche para el grano, temiendo una nueva propuesta ultramontana para las fiestas navideñas. El presidente del Grupo Freixenet, Josep Lluis Bonet, también lo es de la Cámara de Comercio de España y no es sospechoso de auspiciar posturas disgregadoras. Por eso el boicot al cava, que algunos plantearon en años pasados, era una chorrada clamorosa. Aunque resulta gracioso ver que quienes lo propusieron se han convertido ahora en los principales defensores de Bonet y su empresa.

Así es este país, donde se bebe el cava de una marca o de una comarca para fastidiar a los otros. Algunos incluso decían que es mejor el champagne francés, para alardear de sibaritas. Otros consideraban que tampoco hay que llegar a tanto, al ser más caro y extranjero. ¿Y Francia no está también en nuestra Europa? En resumen, sólo hay dos salidas: o te bebes el cava de tu pueblo aunque sea horrendo, o te olvidas de las estupideces xenófobas.

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