La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

En el adiós a la mejor madre, la mía

Septiembre sólo contaba con unos minutos de vida cuando se apagó la de la mejor mujer del mundo, mi madre. Presenció cómo discurrían las dos grandes guerras y, por medio, vivió en sus carnes la peor de todas, la nuestra. En ésa, la más incivil de cuantas guerras puedan disparatarse, sufrió viendo cómo sacaban de casa a dos de sus hermanos en la intentona de quemarlos vivos. Vivió para ser esposa ejemplar, parir y criar con dedicación infinita a unos hijos, para ayudar a crecer a unos nietos y para llorar por unas circunstancias que le impedían disfrutar de los bisnietos todo lo que quería. Tuvo una vida de sacrificio y longevidad, de bondad parapetada en un carácter férreo y un sentido de la disciplina de los que apenas se estilan ya. La Sierra de Huelva y los fríos suecos eran su génesis, pero en cuanto nació septiembre dijo ya no puedo más. Adiós, mamá.

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