Desde mi córner

Luis Carlos Peris

En el adiós a un personaje irrepetible

COINCIDIÓ que en ese mismo 1986, un escocés llegaba al Sevilla y un compatriota arribaba a Manchester para enderezar la ruta del United. Para enderezar la andadura llegaba Alexander Chapman Ferguson, pero lo que iba a conseguir era cambiarle la vida al club. El escocés que llegaba al Sevilla de Gabriel Rojas era Jock Wallace con el propósito de darle al equipo una vuelta de tuerca sobre lo logrado ya por Manolo Cardo.

Y fue Wallace quien me alertó de las condiciones que un joven compatriota suyo reunía para ser gente en el banquillo. Wallace, tipo abierto, extravertido y ciertamente entrañable, se deshacía en elogios sobre el entrenador del Aberdeen, sustituto de Ron Atkinson en el puente de mando del United y los elogios iban a quedarse cortos. En noviembre se cumplirán veintisiete años de la llegada de Fergie a Old Trafford y la cuenta de resultados que exhibe es incontestable.

El United había vivido sus años más gloriosos de la mano de Matt Busby en el banquillo más Bobby Charlton y George Best en la hierba. Incluso fue el primer equipo inglés en ganar la Copa de Europa, pero se fueron Charlton y Best para atravesar un periodo decadente en el que incluso vivaqueó en Segunda. Mientras tanto, el Liverpool acarreaba plata a su sala de trofeos. Así fue hasta que la pericia de Fergie empezó a producir sus efectos; o sea, a los siete años de llegar.

A partir de ahí y con la llegada de Cantona, una escalada de éxitos que tienen su constatación cuando la reina Isabel lo nombra Comendador del Imperio Británico. Fergie ya es sir Alex Ferguson, el United se ha convertido en el club más rico del mundo y sólo se le nubló el horizonte en las dos finales de Champions que perdió con el Barça de Guardiola. Ahora, y en la cresta de la ola que significa su decimotercera Premier, sir Alex dice adiós. ¿Para cuándo un personaje similar?

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