La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

¡Serán alcornoques!

¿Ahora se enteran de que cegar los alcorques daña a los árboles? Ya que va de árboles: ¡Serán alcornoques!

No hay que ser ingeniero agrónomo, ni biólogo, ni ingeniero forestal, ni botánico para saber que cegar los alcorques con adoquines u hormigón daña a los árboles. Basta un poquito de experiencia y mucho sentido común. Mi abuela no había estudiado ninguna de estas carreras y sabía perfectamente cómo cuidar las macetas de claveles de su balcón, qué tierra requerían, cuando se podía o debía cortar la flor -¡cómo olían!- y utilizar como abono los cagajones de los mulos que todavía en mi infancia tiraban de los carros que llenaban el ensanche de Regina. Cuando se iban, a primera hora de la tarde, bajaban las vecinas a coger tan natural abono antes de que llegaran los barrenderos con sus escobones de ramas.

Debería asombrar, indignar o las dos cosas a la vez que hasta que el Ayuntamiento no haya tenido el Plan Director del Arbolado de Sevilla y lo haya sometido a alegaciones públicas no reconozca el daño que causan a los árboles que se cieguen los alcorques; y dictamine que "es necesario proceder a la retirada de todos estos elementos en el menor tiempo posible". Han descubierto la pólvora las criaturas. Y además, la que han descubierto está mojada. La compañera Ana S. Ameneiro les contaba anteayer cómo la asociación Salva tus Árboles Sevilla lleva años denunciando esta dañina y estúpida práctica que se observa en tantas aceras y zonas peatonales de la ciudad. Y en sus alegaciones, al Plan desmiente los datos que figuran en él: si se afirma que hay 425 alcorques cegados, la asociación ha contabilizado y fotografiado 521 en sólo 18 calles. Además de tarde, mal.

Supongo que los munícipes sevillanos viajan. Y que ven cómo se cuidan los árboles en otras ciudades: las podas en su tiempo y con su medida, los tensores para reforzar las ramas demasiado abiertas, los cubrealcorques de acero, hierro o madera que permiten respirar a las raíces, crecer y ensancharse al árbol y además embellecen las calles e incluso -como los de París- se convierten en parte de su paisaje urbano. Allí, por cierto, se ha puesto en marcha el plan Végétalisons Paris que invita y ayuda a los vecinos a reverdecer la ciudad con jardines compartidos, cubiertas vegetales en los tejados, ajardinamiento de los grandes alcorques de los árboles, creación de huertos urbanos y de jardines verticales o, simplemente, decorando terrazas y balcones. De los árboles se cuida el Ayuntamiento. Ay, Sevilla…

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