¿Quién no tiene un amigo o un pariente contagiado?

El ómicron es una excusa para eludir cualquier compromiso y encima quedar como prudentes y responsables

Viandantes
Viandantes / José Ángel García

Sevilla, 27 de diciembre 2021 - 04:00

En los años de la masificación en las aulas de la Universidad hubo un equipo de fútbol que se presentó a la liga que se jugaba entre estudiantes de diversas facultades con el nombre “¿Quién no tiene un amigo en Derecho?”. El ómicron ha democratizado el coronavirus, que diría un tertuliano de guardia después de decir que está de acuerdo en todo lo que ha dicho el interviniente anterior. El doctor Zulueta, que tiene apellido de saga de alguaciles de la plaza de toros, apunta a que este disparo de contagios con síntomas leves es la fase final de la pandemia. Mientras tanto el bicho se extiende a una velocidad en la que, ahora sí, todos conocemos a un pariente, un amigo o un compañero de trabajo que está encerrado en una habitacion con la paciencia perdida.

¿Quién no tiene un conocido contagiado por el ómicron de las narices?. Podría ser el nombre del equipo de fútbol de hoy. Y cada cuál te cuenta sus teorías sobre cómo se dio cuenta de que estaba contagiado. No hay test más infalible que abrir el bote de ali-oli y que no te sepa absolutamente a nada el cucharón que te has jamado después de entrar en la salsa como toro bravo al caballo. La pérdida del sabor y del olfato son comunes en todas esas amistades confinadas que usted conoce ya a manojos. Después hay una figura peculiar, la del prudente elevado al cubo. El cubo de agua de la fregona es lo que que habría que echarle en lo alto a esos que suspenden una cita porque el hijo pequeño estuvo en contacto hace una semana con uno que dicen que unos días después dio positivo. La que lía el personal para no decir que no. Con lo a gusto que se queda uno diciendo que no. Y lo barato que resulta encima.

El ómicron, menuda esdrújula, es una excusa muy usada estos días. ¿Quién no conoce a alguien que se mueve por ahí más que la bola de un petaco, todo el día de arriba a bajo, pero que alega prudencia para salirse de una convocatoria? Ahora ya no tienen ni que decir eso de ya nos veremos después de las pascuas, porque sabrá Dios como será la cuesta de enero. Ahora pueden usar una respuesta mucho más impreciso e indeterminada, idónea para los abonados al me alegro de verte. Basta con anunciar que nos veremos cuando todo esto acabe, porque las autoridades nos anuncian una subida de los contagios después de las fiestas. Miedito da esa Nochevieja de veinteañeros llevando y trayendo omicrones (sin rima) por allí y por acá. Y esa cabalgata con miles y miles de adultos y menores. El tramo final de la fiesta aumentará el de nuestras amistades contagiadas. Hasta que lo estemos todos, como dice Margarita del Val, la viróloga que para muchos es la fuente más fiable desde que comenzó la pesadilla.

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