La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los 90 años de don Pedro Ybarra

Historia viva de la Iglesia de Sevilla, romántico de San Telmo, un sacerdote con el prestigio de los curas de toda la vida

Pedro Ybarra

Pedro Ybarra

Al humo de las velas llegamos al cumpleaños de un señor sacerdote de vida dilatada, un niño paje del Silencio que sintió la llamada de la vocación, fue ordenado cura y se convirtió en todo un símbolo de la Transición en la Sevilla de Bueno Monreal. Hoy goza del antiguo prestigio de esos curas respetables de toda la vida. El cura Perico, que así todavía es conocido cariñosamente don Pedro Ybarra Hidalgo, ha celebrado su 90 aniversario con misa en Santa Cruz, el templo donde fue párroco en su último destino y donde sigue siendo el orgulloso y entregado director espiritual de la cofradía, título que conserva aun jubilado porque así lo rogó la hermandad al arzobispo en buena hora, lo que bañó en lágrimas de emoción los ojos azules de este Ybarra espigado y de voz nasalizada.

Don Pedro es historia viva de la Iglesia de Sevilla, el último romántico del Palacio de San Telmo, donde se formó como seminarista y donde impartió clases como profesor. Fue de los que hablaron alto y claro contra la venta del inmueble en esa Sevilla de los años 80 donde hubo censores tronantes de la operación por el mero hecho de que la Iglesia negociara con los "rojos" del PSOE. Don Pedro simplemente quería que San Telmo fuera la gran casa de la Iglesia, con la Institución Colombina incluida. Ha pagado siempre el precio de su libertad, quizás por eso la canonjía le llegó algo tarde. Prefirió siempre destinos alejados de la curia, pueblos como Morón de la Frontera o barriadas como Bellavista donde había que esconder sindicalistas en la sacristía si era preciso, que lo fue muchas veces.

Fue tal su ayuda a los movimientos obreros que en el primer congreso legal de Comisiones Obreras en Sevilla fue invitado a formar parte de la mesa presidencial. Declinó, pero mandó una carta de agradecimiento: "No soy comunista, jamás puedo serlo. Pero estoy a favor de la libertad sindical". Es el superviviente de ese cuarteto de la Iglesia sevillana que asumió un papel activo en el cambio de régimen en España: Bueno Monreal, Diamantino, Javierre y nuestro Pedro Ybarra, que esta semana ha ingresado en la hermandad de los nonagenarios sevillanos. Irónico en muchas ocasiones como persona culta y observadora, se le atribuye un comentario cuando monseñor Amigo llegó a Sevilla en 1982 procedente de Tánger: "Ea, pues ya tengo un jefe más joven que yo". Dios quiera que veamos a don Pedro muchos días por sus dominios de siempre: Santa Cruz, Miguel Mañara y esa Catedral donde se coloca con discreción cada Madrugada para disfrutar de su cofradía del Silencio y viajar a esa infancia del niño paje que fue. Don Pedro Ybarra, el cura libre y el señor de la cabeza a los pies.

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