DE tapadillo La 2 estrenó La vida encontrada, un curioso experimento que retomó 30 años más tarde las biografías presentes de algunos de los entrevistados en el programa de la inolvidable Monserrat Roig Búscate la vida. Corría el año 1984 cuando la periodista catalana radiografió a su manera a trece jóvenes de distintas extracciones sociales en una serie de programas bastante austeros que se emitieron los domingos por la tarde. Su intención, y así lo había hablado con ellos, era la de regresar a sus vidas una década después, con el fin de averiguar qué había sido de ellos, hasta qué punto se habían cumplido sus sueños y sus intenciones. La enfermedad impidió que ella concluyese un proyecto que, en cierta medida, queda ahora cerrado.

Acercándonos a La vida encontrada, pues, encontramos una doble propuesta. Por un lado, nos devuelve las hechuras de esa televisión comprometida y combativa de los primeros ochenta. Por otro, nos permite asistir al experimento sociológico de ver cómo han evolucionado ciertas vidas con el paso del tiempo.

Al regresar al programa de Monserrat Roig, lo primero que nos choca es el estilo de la presentadora, en las antípodas de la comunicadora convencional. Alejada de la asertividad de Pilar Trenas en Trazos o de Margarita Riviere en Hablemos de amor, nos atreveríamos a decir que incluso el Pablo Lizcano de Autorretrato, tan liviano él (por citar varios ejemplos de programas coetáneos a aquel), tendría más determinación que Roig. O dicho de otro modo, por increíble que nos parezca, una presentadora así no tendría cabida en la televisión de hoy. Por otro lado, en lo relativo a los biografiados, comprobamos la brecha entre los personajes anónimos y quienes ya eran famosos. Vamos, que Blanca Li sigue siendo Blanca Li, mientras el pueblo llano continúa sobreviviendo como puede.

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