Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
El ciprés de los pantanos que da forma a la Glorieta de Bécquer del Parque de María Luisa va a ser nominado uno de los árboles más bonitos de España. No sabemos en qué medida es la propia belleza del árbol o la del monumento a Gustavo Adolfo, obra del escultor Lorenzo Coullaut Valera, o la feliz hermandad entre ambos lo que constituye el acierto estético que hace que generaciones de sevillanos y visitantes no podamos dejar de detenernos un momento en ese lugar para disfrutar de ese espectáculo creado por la mano del hombre con la colaboración de la naturaleza. Pero lo que sí sabemos es que es el resultado de la suma de muchas voluntades, comenzando por los Duques de Montpensier, dueños del jardín que después fue parque por donación de la infanta María Luisa, y el empuje del Conde de Colombí, entonces alcalde de Sevilla, que encargó al afamado arquitecto de paisajes francés Jean-Claude Nicolas Forestier que convirtiera el lugar de recreo y esparcimiento de los duques en la primera gran expansión de la ciudad y que nos ofreció un lugar y un modo de hacer combinando pequeñas glorietas, pérgolas, estanques y arboleda de gran porte en un resultado único del que nos hemos apropiado orgullosos desde su inauguración en 1914. Y no podemos olvidar la voluntad de André Lecolant, jardinero contratado por el duque, que alrededor de 1850 plantó el ejemplar de taxodium distichum, originario del sur de Estados Unidos y que aporta ese aire decadente y romántico que tan bien enmarca al monumento, con evocaciones sureñas de las orillas del Missisipi y los pantanos de Luisiana, con fuertes vínculos franceses y españoles en su historia.
Y ese árbol y el lugar que dibujaba fueron los escogidos por los hermanos Álvarez Quintero para situar su planeado monumento al poeta sevillano. En el legado de los dramaturgos que está en el teatro Enrique de la Cuadra de Utrera, siempre hay un motivo para visitar esa bonita ciudad, se conservan, entre otras piezas de gran valor artístico y documental, dos que tiene mucho que ver con nuestro caso. La fotografía en la que se pueden ver a los dos hermanos a ambos lados del mencionado ciprés, con su tronco exento, dando testimonio de la elección y una terracota con el boceto del busto de Gustavo Adolfo de mano del escultor Coullaut Valera en el que se aprecian los dedos del artista modelando el barro con mimo. Si quieren conocer el árbol en 1911, ya de buen porte, pueden pasarse por allí y de camino vislumbrar la importancia de los Quintero, en los numerosos testimonios que les ofrecieron sus contemporáneos. Los Quintero que imaginaron y sufragaron el monumento, el escultor que lo modeló y la idea de Juan Talavera Heredia y Aníbal González que terminaron de dar forma a la glorieta. Es un bello árbol, pero ante todo es el resultado de muchas voluntades y buen saber, sin olvidar a todos los responsables de cuidar la plantación y restaurar el monumento en distintas ocasiones. Respeto y admiración se merecen todos ellos.
También te puede interesar
Lo último