Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

En la azotea

La vida es también eso que te ha permitido conocer a unos tíos de Liverpool que compusieron 'Getting Better'

Hay días que los síntomas son tan claros que el diagnóstico está tirado: la cosa está fea, la cosa está mal, la cosa está para mandarlo todo al carajo. Si es la percepción de uno, qué más da que sea cierto o no eso que le pasa, es la única verdad. Y nada importa que la realidad -o eso tan persuasivo que llamamos actualidad- sea muy distinta al otro lado de la ventana y más allá de la puerta, y es lo de menos lo que cuenten las cadenas de televisión y las emisoras de radio y lo que se cueza en internet y con lo que te bombardeen en el whatsapp y se cotillee en la oficina. Hay un 30 de enero para cada hijo de vecino. Entonces, en la primera acción del día, café en mano, sube uno a la azotea repitiéndose a cada peldaño eso que escribe Cormac McCarthy en No es país para viejos: "Una de las cosas que aprendes cuando te haces viejo es que no todo el mundo envejece contigo". Arriba del todo es relajante el vistazo a los otros tejados, a las demás terrazas y azoteas, a las espadañas antiguas y al rascacielos futurista, a los tendederos y a las antenas. Es un buen sitio para quedarse un rato.

Hace cincuenta años una azotea fue el mejor lugar del mundo durante varios minutos. Fue en el edificio de Apple Corps en Londres. Los Beatles dieron su último concierto. Puedes tener un 30 de enero malo, muy malo, sentirte achacoso, sentirte jodido, palpar eso del declive, atisbar la cuesta abajo, pero la vida es también eso que te ha permitido conocer y tener los discos de unos tíos de Liverpool que compusieron… huuum… por ejemplo, una canción como Getting Better. Así que no todo es tan malo. Ni siquiera internet, que tantas veces parece comernos la moral con todos esos cabronías navegando por ahí, escupiendo desde el escondrijo de su anonimato y sus estúpidos y ridículos pseudónimos y con sus minúsculos testículos de cobardes cagones sus gargajos de odio y de mentiras. ¡Es cojonudo (¿o cojonuda?) internet! Gracias a la red, gracias a YouTube, he subido estos días a esa azotea de Saville Row y he visto y escuchado a Lennon y a Ringo con sus abrigos de mujer y al barbudo McCartney y al añorado Harrison enfurruñando a las viejas londinenses con los guitarrazos de I've got a feeling y volviendo a emocionar a las ninfas del Swinging London y haciendo fruncir el ceño a los gentlemen de la City y mosqueando a los escrupulosos bobbies que les hicieron al final parar el concierto de la azotea. Y sí, me he dicho que por qué no puede ir la cosa a mejor. Don't let me down.

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