PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

La berlinización de Sevilla

MÁS le vale a Sevilla una berlinización política y sociológica que invitar a tantos actores, directores y productores ligados a la berlinesa Academia Europea del Cine. 20 años se cumplen de la demolición del muro de la vergüenza y del fin de un período de odio entre alemanes. 64 años hace de la aniquilación del régimen nazi, que, antes de sembrar el horror por Europa, hizo estragos enfrentando a unos alemanes contra otros. La República Federal de Alemania ha metabolizado desde sus raíces democráticas el corazón de las tinieblas germanas para asumir y testimonie su historia de cabo a rabo por muy detestable que sea. Y lo hace con inteligencia y respeto incluso a pie de calle. Por contra, aquí seguimos sin cerrar las heridas de la guerra civil que comenzó hace 73 años y la dictadura que acabó hace 34.

En Berlín, la memoria histórica tiene claro que en el Reichstag que ordenó quemar Hitler, cuando se cuenta la historia del Parlamento alemán también hay textos y fotos sobre su llegada al poder a través de elecciones. Y en el casco antiguo hay postes informativos que explican, junto a las casas donde ocurrieron, algunas de las acciones más significativas de la policía política de Hitler contra familias alemanas (no sólo judías) años antes de lanzarse a la guerra.

Sin ningún resabio revanchista, en los hitos colocados allí donde era más contundente el muro prosoviético, hay alusiones a quienes murieron intentando huir. Que en muchos casos caían a manos de compatriotas. Aquí todavía es tabú la esclavitud a la que se sometió durante la posguerra a miles de personas en las colonias del Bajo Guadalquivir, de la que se beneficiaron significados terratenientes. Y se ha forjado otro tabú, en sentido contrario, tapando todos los excesos cometidos por miembros del bando republicano.

Hoy en día, aunque remotas, hay más opciones de sufrir el cainismo en España que en Alemania. Porque allí para afrontar una crisis pueden gobernar juntos conservadores y socialdemócratas. Pero en España, y en Sevilla, es una herejía.

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