Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

La breva y el pepinazo

EL PP se muerde los húmeros de impaciencia. Quiere adelanto electoral inmediato aunque sea a costa de hundir aún más la economía y de amplificar la sensación de zozobra. Tampoco le importan al parecer las consecuencias que tendría para Europa la relegación de las medidas de ajuste durante los meses que durara el Gobierno provisional. El PP ve con entusiasmo cómo se balancea en su rama la breva madura y no admite la castiza réplica de no caerá esa breva. Debe caer aun a costa del despachurramiento subsiguiente. Las ganancias que predicen las encuestas son tan sustanciosas que es difícil no caer en la tentación de agitar las ramas aunque se tronche el árbol. Las encuestas señalan que la diferencia con los socialistas superaría incluso la de la primera victoria de Aznar. La portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, ayuda a menear el breval: "Si Zapatero pensara de verdad en España convocaría elecciones".

Si de verdad pensara el PP en España no se le ocurría pedir elecciones anticipadas ya. Pero no mira por España sino por su ombligo. Porque en estos momentos unas elecciones anticipadas serían desastrosas, pues retrasarían la ejecución del tijeretazo y dejarían de nuevo al país a merced de los mercados y de los especuladores. Hay otras razones que no se citan para exigir elecciones enseguida. La principal es que los procesos por corrupción que hay en marcha en los juzgados de Madrid y Valencia y que apuntan a financiación ilegal del PP están en una fase transitoria. Cuando dentro de unos meses revienten (si revientan) y pongan todo perdido de pus la desazón en el PP será tremenda. Tampoco sería de extrañar que las disidencias internas reaparecieran con todo su violento esplendor. Un hipotético pepinazo del caso Gürtel con el PP en el Gobierno sería apenas un castillo de fuegos de artificio, una detonación con pólvora mojada. Con las riendas del poder recién sujetas con los puños y amparado por una lujosa mayoría Gürtel sería un petardo.

De ahí la impaciencia para que Zapatero dimita de inmediato aunque sea a costa de paralizar el país en un momento crítico y con unas derivaciones para la economía pésimas. Zapatero caerá, es altamente probable, pero dentro de unos meses, cuando sea incapaz de sacar adelante con los apoyos precisos el gravoso Presupuesto de 2011. Duran Lleida lo ha anticipado. No se trata de ganar tiempo sino de un gesto de responsabilidad. El Gobierno, como la orquestina del Titanic, está obligado a no dejar de tocar el violín en el momento culminante de la galerna. Por mucho que desafine.

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