La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El cayetanazo enciende Génova

Es demasiado brillante para una política secuestrada por las estructuras tantas veces asfixiantes de los partidos

El perfil libérrimo, fiero, vehemente y altanero de Cayetana Álvarez de Toledo no encaja en la política actual, que prima la sumisión al aparato revestida interesadamente de lealtad. Los espíritus como ella no tienen cabida en la estructura encorsetada de un partido. Pablo Casado ha pegado el cayetanazo, se la ha quitado de en medio en agosto, que es el mes de las obras de reforma, e inicia una nueva senda. El PP de Casado no termina de encontrar su camino. A veces la cúpula del partido parece más bien la de Nuevas Generaciones. Antes aznaristas, ahora marianistas. Antes se intentaba ocupar el espacio de Vox, la apuesta salió mal y se fueron a por el de Ciudadanos. ¿El centro? ¿Dónde está el centro? Primero mete un perfil de halcón en el grupo parlamentario y ahora se busca una paloma. Demasiados cambios en poco tiempo y en una coyuntura delicada, cuando España tiene el Gobierno más temerario de la democracia en el momento más delicado. Cayetana se hubiera movido mejor en la España de Cánovas y Sagasta, o en la de la Transición. Hay que reconocerle que no ha cambiado de posición en sus temas preferidos, que le apasiona el debate de las ideas, y que no tiene complejo alguno de sus planteamientos. Casado debía saber a quién colocaba en un puesto clave. Cayetana no es un verso suelto, es simplemente libre. Lo era cuando fue nombrada y lo fue cuando el lunes salió del Congreso con la cerilla encendida para echarla en el pajar de Génova. El presidente Casado pasó a ser el "señor Casado". Se pudo haber ahorrado el mitin por su propio bien y por su propia imagen. Pero los grandes egos no suelen aceptar recomendaciones, las toman como una merma de su libertad. El PP pierde en esta refriega, pero la política también. Se demuestra que los brillantes no tienen sitio en una democracia secuestrada por los partidos. Y también que los brillantes se pegan el tiro en el pie en demasiadas ocasiones. A Cayetana hay que agradecerle las referencias a la "batalla cultural" que Casado no quiere asumir. En una política de brocha gorda, pensamiento líquido y mensajes fatuos, es una delicia leer sus discursos sobre los asuntos realmente graves. Pudo haber mirado por sí misma, haber jugado mejor las cartas, haber disimulado esa altanería que muchos de sus compañeros han visto como una clara muestra de prepotencia. Pudo haber sido más cauta y administrar mejor la fuerza de su carácter. Pero entonces no hubiera sido ella. Casado no ha podido más. Cayetana brillaba demasiado y pisaba demasiados callos. Lo mejor para la cúpula del PP sería que ella desapareciera del mapa político y mediático. Su voz ya era tronante como portavoz. Imaginen ahora.

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