La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

De cuando se decía "ahí va un torero"

Juan Belmonte se quitó la vida para que nadie lo viese arrastrando los pies por Tetuán. Esa causa era entre otras que no vienen a cuento y la verdad es que yo vi a Belmonte por Tetuán y nos volvíamos diciendo ahí va un torero. Era lo normal, que el torero lo fuese en la plaza y en la calle, donde era ídolo indiscutible, incluso para los que no iban a los toros ni por casualidad. Era lo normal en aquel tiempo de pocas opciones lúdicas, con lo que el torero era el icono de una sociedad que aún no se había volcado con el fútbol. Los recibimientos a Manolete en México y años después a Camino eran memorables y algo así ha ocurrido en Ecuador a la llegada de Morante para torear allí. Y en estos tiempos de toreros anónimos en nuestras calles satisface ver cómo se produce una veneración como esa. Un pueblo recibiendo a un torero en loor de multitud; ¿lo volveremos a vivir?

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