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Francisco / Andrés / Gallardo

¿Cómo que el dinero no da la felicidad?

04 de agosto 2012 - 01:00

EN un país donde la forma ideal de hacerse millonario ha sido por pelotazo de Primitiva o por 'paciente' especulación, el dinero pasó de ser el incómodo precio de los ricos a un elemento tan mundano, tan demasiado asequible de conseguir, que perdió su auténtico valor. Y el dinero, señoras y señores, es un bien preciado, costoso de conseguir y meritorio para multiplicar. Más que el trabajo, es el dinero (honradamente conseguido y remunerado en justa proporción) el que dignifica al hombre. Y a la mujer, claro.

El refranero español, tan esencial de nuestros sentires y prejuicios, menospreciaba al capital metálico consolando con eso de que "el dinero no da la felicidad". Bien, no dará la felicidad, pero reconozcamos, como estamos comprobando en estos tiempos, que da prosperidad, estabilidad, tranquilidad, fiabilidad… reconocimiento. Y hasta prestigio e influencia. Habría que añadir que sí, que también da la felicidad, al menos a los limpios de espíritu. Da la felicidad aquel dinero que se sabe ganar bien, que también se sabe gestionar y se destina a generar felicidad (tranquilidad, estabilidad…) en los demás. No sabemos si el hombre más rico del planeta, el mexicano Carlos Slim (foto), se considera un tipo feliz, porque la felicidad no es automática, ni se adquiere en un estante, ni cotiza en Bolsa. Pero este señor tienes más posibilidades que la mayoría de los mortales que ansían un futuro acolchado.

Para que el dinero sea útil debe tener significado. Hay que ganarlo, cuidarlo, gastarlo e invertirlo con inteligencia, verdades de perogrullo que con la crisis estamos recordando a marchas forzadas. Muchos deportistas, actores, músicos (y países), vivieron sus tiempos de esplendor, arrullados por unos billetes que pudieron terminar por el desagüe del despilfarro y el descuido. El dinero no da la felicidad, pero la acaricia.

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