Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Se lo diré

LA madre de Goyo Jiménez y las madres de sus guionistas deben saber que sus criaturitas trabajan para la tele y para una Cuatro que está pidiendo oxígeno en la piscina séptica de la TDT. El programa se llama No le digas a mamá que trabajo en la tele. Pero podría llamarse Tonterías las necesarias: las que necesitamos, porque para eso es un clon mal reproducido de sus antecesores. Aunque los directivos de Telecinco critiquen con la boca pequeña al clan de Flo y de Pablo Motos, que se subió a la parra con sus pretensiones (pretencisiones) económicas, con las tetas de Anna Simón, las imitaciones de Dani Martínez y los corchopanazos, los tontacos hacían unas palomitas televisivas aceptables para cadena, horario y perspectivas. Tonterías no era nada del otro mundo, pero parecen de premio Emmy al lado de la clonación que han puesto en su lugar. A los de No le digas... habrá que decirles que a este paso no es que no se vayan a comer los polvorones, es que no se toman ni una sangría con la Virgen de Agosto.

Al final no es tan sencillo recortar un patrón y, con los mismos ingredientes, repetir un programa. Las esencias se deforman. A Goyo Jiménez, a Rovira, a Urrutia y a Lorena C. les falta atmósfera, conexión, y unos cuantos gags más afortunados. Están de empacho. El programa está verde, como cosido a toda prisa, pero van a tener que replantearlo a fondo antes de que las mamás se enteren de la cancelación.

La nueva sobremesa de Cuatro demuestra lo difícil que es hacer reír y lo complicado que es mantener una parcela de incondicionales. Los tontacos se habían estancado, pero habían logrado el milagrito de mantener la llama de una franja que es la eterna calle de la amargura de Cuatro. Y el amargor parece que rebrota.

Habrá que avisar a todas esas madres para que al menos ellas vean lo que hacen sus hijos después de comer.

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