Las dos orillas

josé Joaquín / león /

El disputado voto de Sevilla

LOS cambalaches y negociaciones subterráneas que se traen entre manos los partidos para decidir (ellos, no los sevillanos) quién será el alcalde de la ciudad muestran la peor cara de la política. Es el reflejo de dos mundos que parecen difíciles de conciliar, como en El disputado voto del señor Cayo, la novela de Miguel Delibes, que después fue llevada al cine bajo la dirección de Antonio Giménez-Rico. Ahí se plantea el dilema de la votación en las elecciones del 77, en un pueblo de tres habitantes, con el choque entre lo urbano y lo rural. Aquí el choque es entre el PP y el PSOE, por un disputado voto que dará la Alcaldía a Zoido o a Espadas, según los pactos.

El señor Cayo (que no tiene nada que ver con el Cayo que se ha cargado a Izquierda Unida) es hoy un símbolo del sevillano atónito. No se entiende que los partidos no sean capaces de ponerse de acuerdo en algo elemental: respetar o no respetar a la lista más votada, en todos los lugares o en ninguno. Porque lo que no tiene sentido es que Susana Díaz diga lo mismo para la Junta de Andalucía que Juan Ignacio Zoido para el Ayuntamiento de Sevilla y no sean capaces de llegar a un acuerdo. No se trata de poner sobre la mesa monedas de cambio, sino un mínimo de coherencia.

En Sevilla, según las encuestas, se sabía que podía pasar lo que ha pasado. Victoria por la mínima de Zoido, sin mayoría absoluta. Por consiguiente, una muy probable necesidad de pacto, que los partidos escondieron desde la campaña, salvo excepciones. Sólo se sabía que los de IU apoyarían al PSOE, por mucho que Susana los desterrara de la Junta. Ese cariño interesado de IU, con Torrijos y sin Torrijos, forma parte del guión previsto.

Lo curioso es que el modelo de ciudad que pueden tener Zoido y Espadas probablemente es más coincidente entre sí que con los revolucionarios de salón. Si hablamos de proyectos, lo más coherente no sería la actual división, sino una coalición de PP, PSOE y Ciudadanos, para apoyar un programa de Salvemos Sevilla del Caos, que tendría 26 concejales, con un amplísimo respaldo. Pero, por lo visto, esto se considera contra natura, y es más interesante resucitar el frentepopulismo.

Si el problema fuera la Alcaldía, se la podían jugar Zoido y Espadas a cara o cruz. O ejercerla dos años cada uno. O tres años el más votado y un año el otro para que mate el gusanillo. Hasta eso sería mejor que caer en manos de los demagogos.

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