aNTONIO MONTERO ALCAIDE

Escritor

Anticipo en Resolana

En las variopintas vísperas sevillanas, el gozo de los preámbulos es causa de la expectativa

Puede tenerse por cierto que Sevilla es una ciudad de vísperas. Al menos así lo dan a entender celebraciones adelantadas como la preferia, que adopta costumbres y protocolos tan cuidados e incluso más gozosamente celebrados que los de la Feria en su tiempo propio. O los cultos preparatorios de la Semana Santa, el ajetreo de los priostes, la voz aclarada de los pregones, el vínculo documentado de las papeletas de sitio. Por eso, quienes más disfrutan de los preparativos, coinciden al pensar que todo acaba a la vez que empieza. Opinión que, animada por el maximalismo, llevaría a sostener que la muerte se estrena con la vida misma, dada la condición mortal de los recién nacidos. Mas no habrá que llegar a tanto cuando se trata de celebrar el adelanto del pescaíto o el éxtasis del incienso como genuinos preámbulos, aunque desplacen los actos mayores.

En la tropa de los maratonianos ocurre algo parecido cuando el Maratón de Sevilla se anuncia con el medio maratón organizado por el Club de Atletismo San Pablo, desde pocos años antes que Sevilla acogiera, en agosto de 1999, el Campeonato Mundial de Atletismo y pretendiera ser ciudad olímpica con ese estadio que duerme el sueño del abandono. El pasado domingo 26 de enero tuvo lugar la señalada XXV edición del Medio Maratón, como anticipo del mundialmente reconocido Maratón de Sevilla, que tendrá lugar el próximo 23 de febrero.

Pues bien, sin ánimo alguno de asimilar la afición deportiva a una devoción religiosa, ni a un fanatismo desmedido, o a una buscada enajenación mental, por no mentar la cobardía del correr y otros desafectos con que suelen despacharse el disciplinado entrenamiento y las particulares maneras de los maratonianos, el medio maratón del domingo dio para el anticipo cuando los diez mil corredores, que le echaron piernas a los 21 097 metros -precisión que divide la distancia de una aceptada gesta histórica, que el soldado griego Filípides recorrió de Maratón a Atenas, para anunciar la victoria sobre los persas-, atravesaron la Resolana tras dejar el kilómetro 14 al final de Torneo, precisamente por el acierto de situar la meta en el Paseo de las Delicias. El término "muro", aunque cuente con escasas acepciones, denota no pocos usos. Y en el argot de los corredores de fondo se asimila a una inesperada mengua de las disposiciones del cuerpo, y de la mente, que suele sorprender cuando ya quedan atrás muchos kilómetros y quieren saborearse las aun agridulces mieles de tener el reto a las piernas. De ahí que pasada Resolana en el medio maratón, Puñonrostro abre las puertas del centro hasta dar con La Campana y enfilar los cuatro últimos kilómetros. Y en el maratón se hará lo propio, también desde Resolona pero por Calatrava y otra vez en La Campana. Este es el anticipo, aunque con la mitad de kilómetros y la ilusión de la expectativa, acaso la razón genuina de los preámbulos.

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