diego j. geniz

Periodista

No es una élite, es la excelencia

No es la primera vez que la Junta muestra cierto recelo hacia planes que considera para la "élite"

Pertenezco a esa generación en la que los padres intentaron dar a sus hijos todo lo que ellos no pudieron disfrutar. Estudiar en los mejores colegios. Acudir a la universidad. Posibilidades que antaño se vieron cercenadas. Cursé la EGB, BUP y COU en un centro privado. No sé si de haberlo hecho en la enseñanza público hubiera obtenido la misma formación (ojo, no hablo de resultados). Permítanme que responda afirmativamente. Creo que la importancia que se le otorga al aprendizaje, al esfuerzo y a la perserverancia es un mano a mano entre lo que se inculca en el hogar y lo que se enseña en la escuela. Si en la familia no existe una sólida base, unos padres que fomenten estos valores, de nada servirá el gasto que luego se haga en colegios de renombre. Y créanme, de eso les puedo hablar bastante.

Durante años he tenido que escuchar que sólo triunfan en los estudios quienes nacen en una familia con posibles. Me niego a aceptarlo. Porque no es cierto. El sistema público cuenta -no ahora, sino desde hace décadas- con innumerables servicios y alternativas para que cualquier menor, venga de donde venga, pueda prosperar a través de la enseñanza. Nadie se ve obligado a optar por la educación privada, pues la Administración, en nuestro caso la Junta, garantiza estos derechos.

Pero lo cierto es que desde hace más de diez años, la Consejería de Educación se encuentra más empecinada en la gratuidad que en la excelencia. Uno de los anuncios de la precampaña electoral ha estado enfocado en el primer aspecto: a los más pequeños no les costarán los libros de texto. Sin embargo, ayer nos enterábamos de que el Bachillerato Internacional en el IES Martínez Montañés (el único instituto público de Andalucía que lo oferta) puede desaparecer por falta de inversión del Gobierno autonómico. Desde el Ejecutivo de Susana Díaz se insiste en la apuesta por este programa para los alumnos con los mejores expedientes, pero a los que hayan seguido este asunto los últimos años no les sorprende esta actitud cicatera. No es la primera vez que desde Torretriana se muestra cierto recelo hacia aquellos planes considerados para la "élite". Un calificativo que suele emplearse desde las altas instancias de la Consejería para referirse a los centros públicos que destacan por su brillantez.

Esa élite genera desprecio entre los sectores que se autodenominan progresistas. Pero es justo lo contrario. Se trata de excelencia, entendida como aquella cualidad a la que aspiran quienes, con independencia de su origen y circunstancias, buscan prosperar a través del conocimiento. Y ahí es donde se demuestra la valía del sistema público. Eso es el verdadero progreso. Negarlo es condenar a una sociedad a la mediocridad.

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