Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Un equipo, un país

MÁS de un millón de personas asistieron ayer tarde a la manifestación a favor del Estatut en Barcelona, según la Guardia Urbana. Reivindicaban que Cataluña es una nación, aspecto éste que el fallo del Tribunal Constitucional lima con intensidad. La víspera de la manifestación se ha producido un hecho que los organizadores se han tomado como una afrenta. El Constitucional publicó el viernes las 881 páginas de la sentencia. No encuentro dónde está el agravio: quienes hemos criticado con dureza la lentitud del Tribunal para emitir su dictamen, no podemos rasgarnos las vestiduras porque se den prisa en dar a conocer los pormenores del texto.

Más allá de la fineza del fallo, que valida en la práctica el modelo de financiación, excluye toda vigencia jurídica al término nación y no admite que el catalán sea de uso preferente sobre el castellano, con Estatut o sin él estábamos ante un texto efímero. El problema con los nacionalistas cuando piden de momento un sistema de financiación determinado, o reclaman de momento un modelo preciso de blindaje competencial, no son ni la financiación ni las competencias de la coyuntura. Sino los de momento, que generan desconfianza. Y más en un mundo que camina hacia la integración en sentido contrario, en el que Europa es la nación bajo cuya bandera se defienden nuestros intereses comerciales, industriales, agrícolas o monetarios, incluso los de seguridad.

Algunos gestos nacionalistas resultan anacrónicos. A Carod Rovira, antiguo jefe de Esquerra, le preocupa que pueda haber más banderas de España en los balcones de Barcelona, por el entusiasmo con la selección de fútbol, que señeras catalanas. Su sustituto, Puigcercós, ha dicho una frase histórica: sin los jugadores catalanes la selección sería muy poca cosa. Y esa es justamente la lección: que catalanes como Piqué, Puyol, Xavi, Busquets o Capdevila, asturianos como Villa, castellanomanchegos como Iniesta, madrileños como Casillas o Torres, andaluces como Ramos, Navas o Marchena, canarios como Pedrito o Silva, navarros como Llorente y vascos como Alonso, forman un equipo. Un equipo y un país que serían mucho menos sin alguno de ellos.

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