Desde mi córner

Luis Carlos Peris

A escena dos compañeros de viaje

ARREGLADO en Huelva el funesto suceso ante el Leganés, el Betis vuelve al lugar del crimen con su obligación crónica, la de ganar para que las cosas sean como deben ser. Huelva palió el barquinazo de hace quince días, pero el juego del equipo sigue dejando un mar de dudas. Huelva reparó la afrenta de la jornada anterior, pero la sensación de que fue mucho lo que influyó la casualidad hace que no se tengan todas consigo.

Llega Osasuna, ese compañero de viaje del último descenso y que se ha desvelado como cercano en un apartado que no debiera tener cabida en el deporte. Osasuna siempre tuvo el marchamo de la honestidad y de una forma de hacer las cosas que, por ejemplo, le eximieron del amargo cáliz de convertirse en sociedad anónima, pero la actitud de algún indeseable no sólo ha manchado su nombre sino que, por ende, a una parte considerable del fútbol español.

Y hoy aparece con una cuenta de resultados que nada tiene que ver con su historia. Esos números tan bajos no quiere decir que llegue como víctima propiciatoria. En el recuerdo está cómo volteó el marcador en la primera vuelta. Cómo, tras un primer tiempo que quizá haya sido lo más brillante de cuanto hizo este Betis, remontó una desventaja de dos goles a pelotazo limpio y gracias a lo ensayado en la intimidad de las sesiones de entrenamiento en el laboratorio de Tajonar.

Y en este mediodía de Domingo de Resurrección, comparecen dos compañeros de viaje con uno arriba y el otro abajo. Uno lucha por volver del lugar de procedencia y otro por no caer aún más bajo. El Betis reparó en Huelva una afrenta, mientras que Osasuna viaja de afrenta en afrenta. Es un partido que habitualmente se dio en Primera y que hace dos lustros hasta fue final copera, pero la vida dicta lo que dicta y si el Betis lucha por lo que es suyo, Osasuna intenta sólo sobrevivir.

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