editorial

La eterna losa del desempleo

LA crítica situación que vive la economía española, agravada estos días debido al intenso ataque de los mercados internacionales, que siguen sin creer en la solvencia de nuestro país para hacer frente a su extraordinaria deuda (pública y privada), ha hecho que pasen a un segundo plano los últimos datos del desempleo. La radiografía del Ministerio de Trabajo constata que el paro, el principal problema económico y político español, el factor endémico que nos diferencia de nuestros vecinos europeos, continúa sin remitir, a pesar de las expectativas relativas que los agentes sociales tenían en sectores como el turismo o los servicios, tradicionalmente activos en los meses de verano. Aunque la lectura oficial destaca que se ha producido un leve descenso estadístico -1.517 personas menos en Andalucía, apenas un 0,17%; 42.059 trabajadores en España- lo cierto es que la cifra global de desempleados en ambos ámbitos está estancada y no tiene visos de descender de forma significativa. Según los datos estatales, el paro registrado en España no baja de los cuatro millones de personas, lo que enfría cualquier tentación de hacer una lectura optimista de la situación. Especialmente grave es la coyuntura si se tiene en cuenta que en julio los registros de empleo solían ser algo mejores. El sector servicios, al contrario de lo que se esperaba, no ha conseguido paliar la sangría de puestos de trabajo, ya que, en comparación con los datos de hace sólo un año, se han creado 16.000 empleos menos, de los cuales 2.000 corresponderían a Andalucía. Sevilla, además, queda relegada de este supuesto proceso de ralentización en la destrucción de empleo. Nuestra provincia tiene 14.000 parados más que hace un año. En este contexto, y con el temor a un posible empeoramiento de la situación de la economía española más vivo que nunca, oír a algunos representantes políticos nacionales y andaluces pronosticar un cambio de tendencia resulta poco verosímil. Los hechos no avalan esta tesis, por mucho que los sectores institucionales, políticos y empresariales proclamen prácticamente todos los meses su esperanza en una mejora inminente.

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