La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los excesos de la pasión por el fútbol

¿Quién tiene el poder de volver loco al cuerdo, agreste al fino, desequilibrado al juicioso y agresivo al apocado?

Un  balón de fútbol

Un balón de fútbol / M. G.

El hombre paciente se vuelve un poseso, el mesurado comete todo tipo de excesos, el de habla reposada expulsa culebras, serpientes y extraños bichos por la boca. El que no bebe, bebe. El que come poco, se harta. El diligente padre de familia torna por momentos en un pillastre, un andoba, un gamberro. El caballeroso escupe barbaridades, el galán parece un piojoso, el discreto sencillamente explota. Cambia una vez a la semana el que nunca lo hace aunque pasen los meses. Se deprime los lunes el tipo más fuerte. Se igualan por el fervor el ilustrado y el iletrado, el que imparte las clases y el que las recibe, el adulto y el joven, el creyente y el descreído, el solemne y el bohemio, el tabernero y el cliente.

La mente sana parece enajenada por momentos, la solemnidad se pierde, se cambia de forma repentina por un torbellino de sensaciones, de reacciones, una suerte de éxtasis incontrolable, una vehemencia justificada, socialmente avalada y mayoritariamente comprendida. El más cabal pierde los papeles, el más culto pierde los estribos, el más experimentado mete los dos pinreles en el cubo del desatino.

Las redes sociales amplifican, sellan y dejan constancia de tanta estupidez. Los tipos más normales, cabales, interesantes para un tertulia y finos observadores lo tiran todo de pronto por un instante de pasión, de furia, de ira. El más analista y frío se deja llevar por el terraplén de una rivalidad crispada, se tira por el precipicio social de un tuit desafortunado, se despeña por la cólera y pierde a un amigo en una absurda refriega. Quizás sean solo los bajos fondos de un espectáculo ritualizado, con belleza, sentimiento y memoria. La parte negra de una liturgia semanal que está incrustada en nuestras vidas.

No dejaremos de sorprendernos cuando tantos pierden el equilibrio tantas veces y en tan poco tiempo, sacrifican tantas cosas cultivadas con el tiempo por una mala reacción. Siempre queda la duda de cuánta verdad enclaustrada hay en un individuo cuando exhibe reacciones tan airadas y desproporcionadas. De todos los colores, de todas las tendencias, de todas las edades, de todas las posiciones. Los excesos de la pasión son excesos al fin. Los errores de amor son errores al cabo. Escrito está hace años que la verdadera fiera ruge en el tendido. ¿Quién tiene en los tiempos actuales más que nunca el poder de volver loco al cuerdo, agreste al fino, desequilibrado al juicioso y agresivo al apocado? El fútbol. Quien lo probó lo sabe.

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