NADA catastrófico para la Historia de España sucedió ayer en Cataluña. Afortunadamente, el 9-N se desarrolló sin incidentes de gravedad, la participación en el sucedáneo de referéndum independentista fue importante pero no concluyente y el Gobierno central no tomó ninguna decisión de la que deba arrepentirse hoy. El juez de Barcelona que se hizo ayer con el caso proseguirá ahora con las investigaciones para concluir si los dirigentes de la Generalitat han incurrido en delito de desobediencia, prevaricación y malversación, pero actuó de modo proporcionado al no ordenar la retirada de las urnas cuando la gente ya se encontraba votando. Ahora bien, la Fiscalía debe solicitar esta mañana el procesamiento de quienes se han saltado las sentencias del Tribunal Constitucional, el Estado debe ser tan cauto como firme. A partir de ahora, el Ejecutivo de Mariano Rajoy estará en condiciones de proseguir la negociación que Artur Mas tiró por la borda cuando decidió convocar un referéndum por la independencia de Cataluña; meses después, todo se ha tornado en inútil, CiU se encuentra en una posición muy delicada y a Artur Mas sólo le queda el tiempo que él decida darse, puesto que ERC ganará las próximas elecciones. Si Mas no convoca elecciones anticipadas en Cataluña, es porque está intentando formar una coalición con todos los soberanistas en la que él sea el líder. No lo conseguirá. Mas es el hombre de los tres errores. Se equivocó cuando adelantó las elecciones en 2012 al perder 12 escaños; se equivocó al convocar un referéndum por la independencia que cercenaba cualquier negociación con el Gobierno, y se equivocó al proseguir con la performance de ayer. Pero nadie debe llorar por el futuro de quien tan tozudamente se lo ha labrado. Lo importante es ver y actuar. El Gobierno de Mariano Rajoy ya ha comenzado a hablar con Artur Mas, pero es de esperar que, a partir de ahora, estas negociaciones sean conocidas. El resto de las comunidades, y en particular Andalucía, deben conocer los temas para detectar si lo que se está sustanciando es una mejora de las condiciones fiscales para Cataluña, que probablemente iría en detrimento del resto. Por ello, sería importante que de dar el paso de la negociación, ésta se formulase en otro marco más general, el de la financiación autonómica, para que todos contasen con la misma información. Si lo que se abre es una negociación política sobre el estatus de Cataluña en España, cabe demandar lo mismo, que ello tenga lugar en las cámaras representativas.

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