Fragmentos

juan ruesga navarro

La hora de la cultura

La cultura en libertad es la mejor garantía para saber que estamos en democracia

La nueva correlación de fuerzas políticas tras las elecciones en Andalucía, va a tener, a mi parecer, una prueba del algodón inapelable: la relación del poder político del nuevo Parlamento y del Gobierno de la Junta resultante con la cultura en todas sus manifestaciones y variables. Desde el arte a muy pequeña escala hasta el arte para grandes salas y museos. Desde experimentos innovadores hasta la cultura más institucionalizada. Desde la enseñanza artística más reglada hasta las opciones docentes más abiertas y vanguardistas. Una nueva relación que se debe basar como fuerza motriz en las ideas de los creadores y en la puesta a disposición de todas las infraestructuras creadas en los años pasados. Ni un paso atrás en lo conseguido, dejando de lado tentaciones de comenzar de nuevo y considerar que todo lo anterior está mal o viciado. La Administración debe hacer más fácil la relación del creador con el público, dejando para el sector público el rol de ayudar a ese encuentro esencial y no de condicionarlo como en ocasiones parece debido a la gran y pesada burocracia generada. Ha costado mucho esfuerzo y cuantiosos recursos públicos crear instituciones e infraestructuras culturales en Andalucía para entrar ahora como elefante en cacharrería.

Las actividades culturales creativas y en libertad son la mejor garantía para saber que estamos en democracia. Los más pequeños signos de censura o condicionamiento saltan enseguida ante las finas antenas catalizadoras de la realidad que poseen artistas y poetas. Los miedos que tanto condicionan la aparición de la xenofobia, el fundamentalismo político y religioso y otras manifestaciones semejantes son barreras a la creación artística que casi nunca consiguen su objetivo, aunque lo dificultan y mucho. Las creaciones más polémicas son los mejores indicadores de una sociedad políticamente sana. Ya no es tiempo de héroes. Un país en democracia no debe necesitarlos. El Estado debe poner los recursos económicos y las infraestructuras necesarias, pero no interferir en el contenido de la educación, de las artes, de la radiotelevisión pública, de la ciencia, etcétera. Habrá que reforzar la relación con el público y menos con la administración.

Hace unos días encontré en internet la siguiente frase: "El mundo es una aldea donde crecen los girasoles de Van Gogh". Habla de un mundo, lo global, que se puede entender en clave local, la aldea. Un pequeño enclave con características de fuerte identidad entre sus habitantes. Y esa aldea queda definida por una creación artística, Los girasoles de Van Gogh, una de las obras más difundidas del arte moderno. Los territorios administrativos se quedan estrechos. Aldeas culturales llenas de girasoles que se extienden de uno a otro continente son nuestro territorio. Así debe ser y también en Andalucía.

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