Acción de gracias

Lo que importa

La infancia es sagrada, es la etapa que configura quiénes somos. Por favor, hagamos todo lo posible por cuidarla

Entre esos grandes temas a los que regresan los poetas -el amor y la muerte y poco más; al final, retirada la hojarasca, son tres o cuatro los asuntos que nos definen- resulta frecuente que los autores vuelvan al tiempo de su infancia, conscientes de que ahí prende un fuego primigenio, fluye un caudal que los años han secado. Si escribir es sentir de nuevo el mundo, buscar una verdad inaprehensible que no se atiene a la lógica, qué mejor momento que aquel en el que la ilusión, la inventiva, el asombro permanecen intactos. A menudo, en los versos, un adulto se acerca tembloroso al chaval que fue, para presentarle al hombre en que se ha transformado y consultarle si no se ha traicionado en el camino, pedirle su aprobación. "Deberíamos ser niños cuando nazcan nuestros hijos", anota Ana Blandiana en su libro El talón vulnerable, y tal vez deberíamos ser niños siempre.

En estos meses, puede que lo haya contado por aquí, me escapo con frecuencia a la playa en la que pasé mis primeras vacaciones, como el que invoca a un fantasma conocido, como si retornara al escenario de un crimen para reconstruir los hechos. El cine de verano ya no existe, han colocado una ostentosa escalinata a la pequeña cala donde pescábamos felices, pero apenas importa, qué contorno más firme tiene lo perdido cuando uno lo siente. Me sorprende el imán que me devuelve a aquel paisaje, pero intuyo el motivo: porque ese niño fantasioso del pasado me brinda una certeza.

Pensé, con rabia y con espanto, en aquel crío cuando un amigo escritor, Alejandro Palomas, me relató la otra tarde, en una de las entrevistas más difíciles de mi vida, los abusos que él había sufrido cuando tenía ocho años. La charla era por teléfono, y lamenté la distancia geográfica que me impedía darle a ese hombre un abrazo. Qué monstruosidad: la niñez es un templo, y profanarlo es seguramente el pecado más terrible que existe. Oí en Hora 25 la respuesta de los responsables de aquel colegio, y eché en falta una reacción más rotunda y beligerante, menos protocolaria.

Desde entonces me asalta una expresión que tantas veces había oído antes, protección a la infancia. Qué necesaria es, y no sólo en ese capítulo brutal de los abusos. Una sociedad que no tiene en cuenta a su población más vulnerable está abocada al desastre. Leo que uno de cada tres niños de España vive en la pobreza, que somos el tercer país de la UE en esta lista de la vergüenza. ¿Qué sentimientos estamos sembrando en el corazón de estos chavales? ¿Cómo podemos seguir enredados en debates políticos estériles y no atender las necesidades básicas? Por favor, la infancia es sagrada, es la etapa que configura quiénes somos. Hagamos todo lo posible por cuidarla.

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