Desde mi córner

Luis Carlos Peris

La insufrible dictadura del Realísimo

PRETENDE el Real Madrid impugnar el reparto televisivo, monta un maremágnum monumental en el Manchester United, se hace con el españolista Casilla, ficha a toda perla que surja en el fútbol patrio, abre todos los telediarios habidos y por haber, y aparece el hartazgo de tantos aficionados como vibramos cuando el repóquer de Copas de Europa para tornar el apego en desapego y en las ganas de que la situación cambie de una puta vez.

La impugnación del proyecto de nuevo reparto televisivo es la guinda que corona un pastel insoportable. En este fútbol nuestro todo es Real Madrid y un servidor, que lo tuvo como segunda opción en su particular devocionario y que profesó aquella religión que lideraba como profeta inmarcesible el inigualable Alfredo di Stéfano, ya hizo apostasía movido por ese halo de superioridad que suele acrecentarse con Florentino, ese ser superior, en el sillón de don Santiago.

Lo ficha todo, ocupa el ochenta por ciento del espacio mediático nacional y no está conforme con el nuevo reparto, no vaya a ser que se acorten las distancias económicas con los demás. Y a mí, que se alegraba con aquellos goles de Marquitos en el Parque de los Príncipes, de Gento junto al Atomium o de Puskas en Hampden Park, pues resulta que hasta se alegra de que caiga por penaltis en un bolo veraniego y le da lo mismo su triunfo en el Carranza asiático.

Almacenista de futbolistas y en la pretensión de ir a una españolización de su plantilla, el Real Madrid es un empacho y una sobredosis de superioridad de efecto boomerang. No contento con su estatus, vendiendo más camisetas que nadie y ocupando más espacio mediático que ningún otro, quiere impugnar un acuerdo que sólo pretende que las distancias económicas se acorten. Él más rico cada día y su matrícula, una visión casi borrosa en su lejanía. Insufrible Realísimo.

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