Alto y claro

José Antonio Carrizosa

La justicia injusta

DIEZ años después de que una joven resultara muerta por el derrumbe de una fachada en una calle del centro de Sevilla, el Juzgado de lo Penal al que correspondió el caso ha dictado sentencia. Diez años, con todos sus meses, semanas y días, en los que la familia de la joven muerta ha estado esperando que se aclararan las responsabilidades derivadas del fatal accidente. Diez años también en el que dos arquitectas, finalmente condenadas a un año, y un aparejador, que ha salido absuelto, han visto cómo pendía sobre sus cabezas una amenaza de pena de cárcel, con todo lo que ello haya podido afectar a sus carreras profesionales o incluso a sus relaciones personales y a su propia estima. Cambiemos ahora radicalmente de escenario. En Nueva York se dictaba hace poco más de una semana la sentencia contra el financiero Bernard Madoff por la estafa más grande que recuerdan los tiempos: 50.000 millones de dólares obtenidos a través de una complejísima red piramidal en la que se logró implicar a instituciones financieramente tan sólidas como el Banco Santander. Madoff fue detenido el pasado diciembre, juzgado en marzo y condenado hace unos días a una pena que le supondrá pasar el resto de su vida en prisión. La celeridad con la que ha actuado en este caso la justicia norteamericana no es ninguna excepción. Desgraciadamente, la lentitud con la que ha lo ha hecho la española en el caso de Sevilla que comentamos tampoco lo es. Muy mal tienen que estar las cosas en nuestros juzgados para que situaciones así sean el pan nuestro de cada día, por más que se hagan esfuerzos por parte de los responsables políticos para paliar esta situación. Entre los servicios que el ciudadano recibe de las administraciones hay tres que tienen una incidencia muy directa en la vida diaria: la salud, la educación y la administración de justicia. En los dos primeros queda todavía mucho camino por recorrer, pero se han producido avances en los últimos años y hoy hasta podemos presumir en Andalucía de nuestra sanidad pública y una educación que lentamente mejora. Pero en la justicia, demasiadas veces da la impresión de que el camino ni tan siquiera se ha empezado a recorrer. Mientras tanto, tenemos una justicia que muchas veces no se hace acreedora a ese nombre.

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