La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El laicismo majadero

Pérez Royo ya quiso echar a la cofradía de la Universidad y acabó promoviendo la fundación del Sarus

El majadero de catálogo, nostálgico de los días de instituto y asamblea, se solivianta de vez en cuando porque en el recinto de la Universidad hay una capilla. Es una reacción cíclica, propia de quien padece el brote de algún complejo, retazos de envidia, y alberga en su interior la hojarasca indisimulada del odio. Este majadero, en el fondo, no se soporta a sí mismo. Dice hablar en nombre de la libertad, cuando él mismo es un sectario que trata de imponer su particular concepto de libertad. Jamás he visto a nadie de la Hermandad de los Estudiantes protestar por manifestaciones laicistas, la organización de debates críticos o de jornadas científicas sobre otras confesiones religiosas. La presencia de la hermandad dentro de la Universidad es una prueba, precisamente, de la libertad que marca y debe marcar siempre la institución académica. Su presencia nunca es excluyente, sino enriquecedora. Jamás ha sido a costa de nada ni de nade. Esa es la diferencia entre la hermandad que acaricia ya los cien años de existencia y el majadero de turno, que ve a Franco sentado en un velador, viajando en la Línea 1 del Metro y dándole de comer a las palomas de parque. El majadero laicista ignora que el Servicio de Asistencia Religiosa Universitaria de Sevilla (Sarus) fue promovido por el rector Javier Pérez Royo, que precisamente no era simpatizante de Blas Piñar. Aquel rector sí quiso echar a la hermandad de las dependencias que ocupa en el vestíbulo del Rectorado alegando que necesitaba metros cuadrados suficientes para los sindicatos. La antigua Fábrica de Tabacos está entre los cinco edificios civiles más grandes de Europa. ¡Y tenía que expulsar a la cofradía! En aquella larga e intensa porfía se topó con uno de los hermanos mayores más preparados de la historia contemporánea de la Semana Santa, Juan Moya Sanabria, que le habló en su despacho alto y clarito: "Si yo tengo que salir del Rectorado, nos tendremos que ir los dos. Tú y yo". Moya Sanabria invitó a diversas autoridades a la misa matutina de comunión general del Martes Santo. Por el vestíbulo del Rectorado aparecieron, entre otros, los socialistas José Rodríguez de la Borbolla y Manuel del Valle. El rector apareció esa mañana en pantalones vaqueros y zapatillas deportivas. Cuando se percató de la presencia de socialistas de nivel ante los pasos de la cofradía, optó por quedarse en la misa y hasta quiso dejar su rúbrica en el libro de honor de la cofradía. Fue entonces cuando Moya le entró en corto y por derecho: "¿Vas a ser capaz de firmar en este libro cuando estás haciendo todo lo posible para echarnos?" Al final, debió caerse de la jaca y promovió el Sarus. Pérez Royo, por cierto, siempre rogaba al arzobispo Amigo que acudiera a los actos académicos. La clave es convivir. Cada etapa tiene su afán y su botarate.

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