La tribuna

Luciano Alonso / Alonso

Una ley imprescindible para la cultura

ACTUAR sobre el sostenimiento de un sector como el de la cultura en estos momentos de dificultad no es una tarea fácil. Los datos reflejan con exactitud cómo la crisis económica le ha perjudicado especialmente. El informe de diciembre de 2012 del Observatorio de la Cultura recoge que casi el 77% de las organizaciones y empresas culturales han visto disminuir, una vez más, su presupuesto y su actividad respecto al año anterior. Y que, en términos de empleo, el mismo informe recoge una disminución media de casi el 10% desde el inicio de la crisis. Esta evolución, sin duda, tiene que ver con la detracción de un 30% de los presupuestos destinados a Cultura por parte de las administraciones públicas. Pero, principalmente, por un descenso brutal del consumo cultural de las familias, motivado por la crisis económica y la subida del IVA cultural al 21%, lo que ha convertido a España en el único país de la zona euro que no cuenta con IVA reducido para la cultura. Esto hace que la evolución prevista para el sector sea más dura. De hecho las más optimistas señalan que el impacto del IVA sobre nuestra cultura puede suponer este año una pérdida del 30% del tejido cultural. Unas cifras que no se pueden permitir y que demuestran una asfixia que no está encontrando alivio en la política del Gobierno de la nación, que no sólo ha aumentado los impuestos sino que además ha paralizado sine díe la ley del mecenazgo, fundamental para la supervivencia del sector cultural español.

A la luz de esta realidad hace falta actuar rápido y de manera contundente y buscar fórmulas que refuercen este pilar fundamental de nuestra identidad y factor clave para nuestro desarrollo económico y que, además, propicie la igualdad en el ejercicio del derecho a la Cultura. Con este objetivo -y dentro del margen que nos permite nuestras competencias autonómicas- nace el anteproyecto de ley por el que se adoptan medidas tributarias y administrativas destinadas a estimular la actividad cultural en Andalucía, que ya se encuentra en sede parlamentaria. La popularmente llamada ley de mecenazgo andaluza introduce diversas medidas dirigidas a promover la colaboración y el protagonismo de la sociedad en el fomento de la cultura. Un texto que agota las medidas que podemos acometer desde el espacio fiscal autonómico y propone otras destinadas a un mayor aprovechamiento de los recursos públicos; que amplían las posibilidades para la mejora del patrimonio histórico o de naturaleza administrativa que complementan las anteriores y propician una mayor transparencia y participación social.

Es la hora de las industrias creativas andaluzas. Pero sobre todo de las personas. De los creadores. Del ciudadano. Y en Andalucía, las instituciones y el sector estamos comprometidos y unidos como nos demuestra el apoyo que ha recibido el Pacto por la Cultura. Tenemos toda la voluntad de superar la situación actual, y para ello hemos presentado una alternativa que mejora la actual ley de 2002 de Régimen Fiscal de las Entidades sin Fines Lucrativos y de Incentivos Fiscales al Mecenazgo. Porque esta ley no está al nivel de las legislaciones europeas. Ni de lo que demanda la sociedad española y andaluza.

Por eso, creemos imprescindible una Ley de Medidas de Estímulo de la Actividad Cultural o del mecenazgo. Con ella, por primera vez, una comunidad autónoma hace una ley para impulsar la cultura y el consumo cultural. Andalucía toma las riendas y abre camino, con la idea de facilitar un cambio de paradigma al pasar de la cultura "de la subvención" a la del "compromiso social". Mientras el Estado espera, Andalucía constituye las redes y los sistemas necesarios para que parte del apoyo a la cultura salga "con complicidad" de la sociedad civil y se sume al esfuerzo que ya realiza la Junta de Andalucía y las entidades locales de nuestra comunidad. Una tarea que se convierte en un desafío en el panorama actual, de crisis económica, social y de valores, pero sobre todo en una oportunidad para establecer un nuevo orden que no debemos desaprovechar.

La cultura es, sin duda, nuestra gran seña de identidad. Pero, además, la innovación cultural, el intangible que aportan nuestros creadores y nuestras industrias creativas, puede llegar a ser un motor económico que contenga la pérdida de empleo, garantice la actividad y la estabilidad laboral en su propio ámbito y abra nuevas sendas de crecimiento que nos permitan consolidar un sector que, hasta la llegada de los recortes y la subida de impuestos del Gobierno de España, aportaba por encima del 3% al PIB nacional, además de dar empleo a casi medio millón de personas, según fuentes del propio Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Lo que sitúa al sector cultural al mismo nivel de otras importantes parcelas de la economía como la agricultura, la ganadería y la pesca, o el sector energético.

Andalucía ha actuado rápido y ha presentado un modelo que se debe enriquecer y ampliar con las aportaciones de todos. Ahora son los andaluces y andaluzas los que bien a través del Parlamento o desde los muchos soportes informáticos e informativos en los que se da acceso al anteproyecto de ley deben opinar, debatir e incorporar ideas. Aunar esfuerzos por la cultura nos permitirá construir una sociedad más libre, tolerante y desarrollada. Porque conservarla y apoyarla no es sólo mimar a un sector clave para la economía y el empleo, sino especialmente trabajar por salvaguardar la identidad que caracteriza e identifica a Andalucía.

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