La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Las lucecitas de Navidad

No podemos pedir a la gente que sea responsable y fomentar el bullicio con la iluminación de las calles

La pandemia nos está retratando como sociedad. Está quedando una obra hiperrealista, como recién sacada del estudio del recordado Daniel Puch. Está saliendo una interpretación perfecta a la que no le falta un perejil, que no es la taberna de la calle Mateos Gago donde siempre, siempre, ha habido aforamiento sin necesidad de restricciones y donde debe seguir puesto el famoso cartel en el retrete: "No corran por los pasillos". Hay tabernas de Sevilla que llevan décadas aforadas. Y son precisamente las de mayor éxito, porque a la gente le gustan los sitios estrechos, incómodos y con urinarios donde tienes que estar más derecho que el negro de San Benito para no rozarte con la pared.

Ahora el debate es sobre las lucecitas navideñas a cuenta de la imprudencia de algunos alcaldes el pasado fin de semana. Encendieron las bombillitas en Madrid y Málaga para que el personal se echara a la calle a darle rienda suelta a la novelería.

Después el presidente de la Junta nos llama a la prudencia. Pero aquí sólo hacemos caso a un llamamiento: a llamarle Juanma.

La Administración es como el papá que te castiga sin salir, pero te mantiene la paga. Nos dicen que no nos movamos, que no nos reunamos, que seamos responsables, pero nos encienden las calles del centro, en el caso de Sevilla nos ofrecen en el Muelle de las Delicias un parque temático invernal de 80.000 metros cuadrados para patinar y hasta montarnos en una noria, y en toda Andalucía se reparten bonos para viajes de tres noches. Hemos pasado del debate de los bares al de las lucecitas. De la necesidad de salvar el verano a salvar la Navidad. Falta el tonto de la Semana Santa que plantee una fórmula alternativa, por supuesto "segura", y casetas libres de Covid.

No somos capaces de renunciar a nada porque hemos estado acostumbrados a todo. Y si no lo teníamos se aparentaba tenerlo. Nos falta raza como sociedad. El vicepresidente de Madrid, el del peinado de portero de discoteca y corbata de Tecnocasa, dice que es normal que la gente salga a la calle. Le faltó chocar esos cinco con el entrevistador.

Y el alcalde de la capital, que lo estaba bordando hasta ahora, mete el pinrel y afirma que las fotos de bullicio callejero para ver las lucecitas impresionan, pero que no pasa nada, que el problema está en las reuniones familiares. Pues nada. Toda España a hacer el indio en la Puerta del Sol en la próxima Nochevieja.

Nadie nos quiere decir la verdad. ¡Pobre sociedad, débil como un torito pastueño que pierde las manos en cuanto se le obliga a bajar la cara! Hay debates que sonrojan. Todos al psiquiatra si Juan Espadas no enciende las luces.

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