palabra en el tiempo

Alejandro V. García

La luz y la espesura

LOS socialistas están muy satisfechos porque la puesta de largo del candidato Rubalcaba ha orientado el errático programa del PSOE de los últimos años, ha sugerido algunas vías en el denso bosque socialdemócrata y ha marcado cierta diferencia cualitativa e ideológica con un rival, el PP, que además de representar todas las gamas del conservadurismo, pretende ocupar el centro y hasta la izquierda, como ha quedado de manifiesto en Extremadura. Pero los 70 minutos de fulgor de Rubalcaba no sólo han marcado distancias con sus oponentes políticos sino también, por contraste, han puesto en evidencia la falta de garra y la espesura mental de muchos dirigentes del PSOE que llevan años girando como mariposas de luz alrededor de un fanal y que corren el peligro inminente de perecer carbonizados o por agotamiento. Frente a la chispa de Rubalcaba, la atonía del otro; frente a la frescura, la abulia.

El domingo en nuestro periódico coincidían la crónica del alborozo de Rubalcaba con el melancólico testimonio recogido en una larga entrevista con José Antonio Griñán. Dos modos muy alejados de ejercer el liderazgo. Uno, en apariencia, flexible, y el otro esclerótico. Uno pujante, el otro desalentado. El lastre del fraude de los ERES y de lustros de política rutinaria pesan en Griñán más que los años de ejercicio del poder de Rubalcaba en el filo de la navaja. Y no es cuestión de tiempos: es posible que ambos comparezcan ante los electores a jugarse su futuro el mismo día.

Las palabras del presidente de la Junta transmiten un agotadora sensación de repetición. Son reiterativas sus justificaciones; previsibles sus reproches a Arenas; es retórica la concesión a la autocrítica; exagerada la justificación de los derrapes ("nunca he gobernado en un momento fácil"), y es inmovilista la forma con que se enroca ante el futuro inmediato. No habla: se reserva. La entrevista parece el testimonio de un hombre no sólo cansado sino previsiblemente abrumado por el reto de optar a nuevo un mandato.

El problema es que ese ambiente claustrofóbico desde el que reflexiona Griñán es en realidad el ámbito en que se mueve toda la política andaluza, no sólo la del Gobierno. Claustrofóbico es el acuario donde se mueven los viejos peces de escamas coriáceas de la oposición esperando que la presa se desmigaje. De un ambiente tan mortecino sólo pueden nacer polémicas como la pugna de las declaraciones de la renta. Griñán presenta tres; Arenas esconde la suya pero trae un acta de un amigo notario. Vale. Ya están todas las cifras, sabemos qué ganan. Y ahora ¿qué? ¿Qué significa? ¿Qué hacemos los andaluces con esos improductivos galleos?

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