Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Cómo me las maravillaría yo

Hay una forma de luchar contra los estereotipos contra el pueblo gitano y está en manos de todos

Hace una semana se celebró el Día Internacional del Flamenco. Había olvidado la efemérides hasta que en la entrada del colegio de mi hija el timbre cambió por un tono al compás de bulerías. Luego en casa ella quiso saber más y explicó que en su centro habían decidido que el flamenco era muy importante y que esa música sonaría más días, algo que me agradó. Y luego sacó el dibujo que traía en su mochila, un retrato de Lola Flores con lunares coloreado en su clase de Infantil y, repitiendo sin parar un cómo me las maravillaría yo, empezó a dar palmas y taconear arrancándome un ay mi gitanita. Sólo tiene cinco años pero la expresión, aun siendo cariñosa, la dejó algo descolocada, probablemente, porque no le sonó a una palabra tabú, de ésas que evitamos ante el temor de ser políticamente incorrectos o herir, sin quererlo, sentimientos. Y sólo tiene cinco años...

Incapaz de entrar en ese momento en mayores explicaciones cambié con la mayor naturalidad que pude gitanita por flamenquita, no sin dejar de pensar en la importancia del lenguaje y los estereotipos. Y en la imperiosa necesidad de encontrar referentes para, en su nivel, explicarle algo más sobre los gitanos y su cultura que borrase esa connotación negativa. Y lo más fácil fue recurrir de nuevo a Lola Flores y contarle que es la artista era gitana y madre de Rosario, la coach de La Voz. Y entonces entendió que gitana sería sinónimo de cantante porque ella no ve otra diferencia.

Tampoco la veían las compañeras de clase de Séfora Vargas, una abogada gitana que con tremenda valentía ha escrito un libro donde narra el precio de la libertad que pagan muchas mujeres de su etnia. Cuenta la autora, que se crió en la escuela como una paya más, que cuando un día con siete años le dijo a sus amigas que era gitana éstas la miraron mal y le aconsejaron que no lo repitiera porque tenía la suerte de no parecerlo. De esto hace 30 años y, a pesar de que hoy hay muchos gitanos universitarios, hay otras cosas que no han cambiado. Entre muchas razones, porque lo que no se ve no existe y esa invisibilidad engorda sobre manera los estereotipos.

Ayer fue una las fechas fijas del calendario, dos en el año, en las que los gitanos son noticia: del Día Internacional del Pueblo Gitano (8 de abril) y el Día de los Gitanos Andaluces (22 de noviembre). Y la ocasión fue aprovechada para difundir un informe del Consejo Audiovisual que concluye, entre otros datos, que el número de noticias sobre la comunidad gitana en los informativos de las televisiones públicas andaluzas fue del 0,10% durante 2010-2020. Una cifra insignificante si se tiene en cuenta que la población gitana supone el 6% de la población andaluza y que demuestra, que aunque no se trata de valorar la información al peso, hace falta un mayor equilibrio. Sobre todo, porque la cuarta parte de estas noticias contabilizadas hablaban de flamenco y no hubo ni una sola en esos diez años que hablase de gitanos y ciencia y tecnología, justicia o deportes.

En nuestras manos está que las nuevas generaciones crezcan sin prejuicios y se maravillen de la cultura, sin etiquetas de ningún tipo.

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