Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

e l mundo sigue en marcha

HOY es fácil, a través de las redes sociales, blogs y medios especializados en internet, estar al día de lo que pasa en el mundo en cada uno de los campos de actividad de nuestro interés. Yo, al menos, lo procuro. Veo los nuevos edificios y los nuevos estrenos. Veo nuevos museos y teatros surgir por todas partes. Y otros edificios singulares. Muchos en países emergentes, pero también muchos en ciudades europeas. El centro de referencia se va desplazando hacia el este. Es verdad. Con ciudades que surgen en el desierto. Unas veces a base de rascacielos, otras con modelos más sostenibles y de ciclo cerrado de energía. Europa ha mantenido una cierta hegemonía desde la revolución industrial hasta nuestros días. Parece que estamos al final de ese ciclo. Poco más de doscientos años. Comparados con la edad de las pirámides de Egipto, casi una anécdota en el tiempo.

Nuestra crisis económica actual puede hacernos pensar que el mundo se ha detenido. Y no es así. En pocas palabras, nosotros estamos prácticamente parados, pero no así el resto del mundo. Oímos hablar de nuevos edificios y pensamos ¿para qué? Nuevos centros comerciales, ¿para comprar qué, con qué dinero? Pero una cuestión es ser consecuente con la situación económica española y por tanto paralizar o retrasar las obras de infraestructuras y nuevos equipamientos públicos y otra muy distinta es pensar que no vamos a volver a trazar o actualizar carreteras y vías férreas ni a edificar nuevos hospitales, colegios, nuevas facultades universitarias, bibliotecas, centros de investigación, instalaciones deportivas o museos, teatros y auditorios musicales. Lo necesitamos y pronto. Y que nuestras empresas de fabricación renueven sus maquinarias y bienes de equipo. Y mantener los presupuestos en formación e investigación.

Recuerdo una brillante intervención en un foro de empresas de un alto ejecutivo de las cooperativas de Mondragón. En quince minutos nos hizo ver que la internacionalización era la mejor estrategia para mantener sus empleos y renta en sus pueblos del País Vasco. Ellos son expertos en fabricar electrodomésticos, y una vez equipadas España y Europa, había muchas familias y viviendas en el mundo, que llenar de lavadoras, neveras y cocinas. Cada vez mejores y más eficaces.

Los números eran demoledores. La relación directa entre vender y fabricar en otros países y el pleno empleo en sus cooperativistas y talleres secundarios era clara. Pero transformando sus empresas, actualizándolas. Por eso crearon en 1997 la Universidad de Mondragón, nacida de la fusión de tres cooperativas educativas. Y hace pocos años ha sido la locomotora del proyecto más innovador en gastronomía de Europa: el Basque Culinary Center. Un centro de vanguardia, situado en Guipúzcoa. Un patronato compuesto por los mejores y más influyentes chefs vascos. Y por empresas del sector como Fagor, Eroski, Heineken, Domecq Bodegas y la andaluza Covap, la cooperativa del Valle de los Pedroches. Saben en qué son los mejores y saben los pasos que dar para seguir en vanguardia. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

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