Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

El mundo que viene

El feminismo y el ecologismo son los dos grandes movimientos transversales de lo que va de siglo XXI

No es Sevilla una ciudad a la que le guste volcarse en la calle para protestar o defender causas por nobles que pudieran parecerle. Sí lo hace, como en pocos sitios se sabe hacer, para vivir sus tradiciones o disfrutar de su luz y su clima. Conviene anotar aquí que las mayores manifestaciones callejeras que se han producido en la ciudad en los últimos años -en un buen puñado de años- han sido los dos últimos 8 de marzo, fecha icono del feminismo. Y añadir a lo anterior que el viernes unos cuantos miles de estudiantes, la mayoría adolescentes, se unieron al movimiento mundial contra los efectos del cambio climático que está empezando a ser una bandera que une a la juventud del planeta, a los que tendrán que gestionarlo dentro de unos pocos años.

Quiere decir ello que, aunque a veces pudiera aparentarlo, Sevilla es una ciudad abierta al mundo en la que importa todo lo que en él pasa. Y que nuestras calles son también testigos de los dos grandes terremotos sociales que están convulsionando las primeras décadas del siglo XXI: la lucha de las mujeres por su equiparación definitiva en derechos y oportunidades en todos los ámbitos de la vida y la del ecologismo, entendido como la exigencia de una utilización racional de los recursos que nos proporciona la naturaleza. Ambos son, posiblemente, los dos únicos movimientos transversales de nuestro tiempo, que superan las divisiones entre derechas e izquierdas, entre norte y sur e incluso entre ricos y pobres. Quizás por eso sean los únicos fenómenos que en estos momentos puedan ser calificados de revolucionarios. Lo son porque quieren cambiar de raíz condiciones de vida y mentalidades.

Todas las revoluciones, desde la francesa de 1789 hasta la Primavera árabe de hace unos pocos años pasando por las que quieran, tienden al pendulazo y al exceso. Y éstas del siglo XXI, que tienen características muy especiales porque se desarrollan en un mundo con altos niveles de desarrollo económico y en un entorno marcado por el desarrollo de las tecnologías, no son una excepción. Hemos visto ya y veremos, tanto en el feminismo como en la lucha por el medio ambiente, actitudes y actuaciones difíciles de comprender y complicadas de asimilar. Pero es una especie de peaje que se paga para que el cambio social sea posible. Lo importante es si a través de esos movimientos se mejora el mundo en el que vivimos. Y creo que quedan pocas dudas de que tanto uno como otro han venido para cambiar situaciones injustas y peligrosas.

Por eso es bueno que las calles de Sevilla no estén ajenas al mundo que tiene que venir. El mundo está cambiando y el que no cambie con él acabará perdiendo su sitio.

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