Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
Diecinueve años ya de un suceso que cambió la vida de este país aún llamado España. Se cumplen años del mayor atentado sufrido por una tierra que se encaminaba a galope tendido a unas nuevas elecciones democráticas. Era jueves y el domingo se dirimiría quién iba a ser el inquilino de la Moncloa, si el sucesor que José María Aznar había decidido en la persona de Mariano Rajoy o un emergente José Luis Rodríguez Zapatero como alternativa socialista a vivir en el palacio presidencial. El favorito era el registrador gallego, pero aquel atentado en la amanecida del 11 de marzo de 2004 iba a ser decisivo. Ciento noventa y un muertos por cuatro explosiones en trenes de cercanías madrileños, en las urnas propiciarían que los pronósticos se volcaran para el candidato socialista. La pregunta es si aquella barbarie no habrá sido el principio de todo lo que nos está pasando.
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