La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Asunción es la aldea de los galos contra el turismo invasor
LA variabilidad espacial y temporal de las precipitaciones en Andalucía, la sucesión de ciclos de sequía y rachas secas, pero también de inundaciones, la concentración urbanística en las capitales y litoral, suponen que el tema del agua adquiera una extraordinaria vigencia, que necesariamente debe proveerse de un marco legal. Y es el caso que nos ocupa en Andalucía con el reciente envío al Parlamento del proyecto de Ley de Aguas, y su filosofía.
La ordenación de los recursos hidrológicos, la planificación, es una cuestión básica para la estrategia del desarrollo sostenible, entendido éste como una gestión integral que busque el equilibrio entre crecimiento económico, equidad y sostenibilidad ambiental, teniendo como mecanismo regulador a la participación social efectiva, pero que a su vez genere políticas preventivas ante eventos extremos, ya sean sequías o inundaciones. Conciliar la aspiración a mejorar el bienestar de todos con el reconocimiento y respeto a los límites del entorno natural, de manera que se garantice su conservación, exige no sólo un giro en los objetivos de esta política, sino también un cambio en las escalas de valor y en la cultura que impregnan nuestra sociedad. La tradicional política hidráulica se queda hoy corta para recoger las necesidades e inquietudes de nuestra sociedad y dar adecuadas respuestas a los retos que se derivan del nuevo paradigma de la sostenibilidad. Es una necesidad implantar una nueva cultura del agua que vaya calando progresivamente en los distintos estratos de la sociedad.
No habrá sostenibilidad si no se conocen y tienen en cuenta debidamente todas las fases del ciclo del agua. Para ello, es necesario considerar no sólo la utilización y la distribución eficiente del agua dulce, sino también salvaguardar el estado de la cuenca de captación y las aguas subterráneas (antes del consumo), así como el tratamiento y la eliminación adecuada de las aguas de desecho (después del consumo). Esto es, el ciclo integral, y para eso es necesario privilegiar el conocimiento del vínculo existente entre la utilización de los recursos hídricos y los ecosistemas que abastecen el agua.
La importancia del agua en el ecosistema puede ser analizada a diferentes escalas. Al considerar los aprovechamientos hidrológicos, la conservación de las especies y de los ecosistemas afectados, no podemos olvidar la función que realiza el agua cuando fluye, de modo variable, desde las cabeceras de los ríos hasta el mar, puesto que moviliza y distribuye elementos químicos tan importantes para la vida como el fósforo o el anhídrido carbónico, pero además, forma parte del suelo, contribuyendo de forma decisiva en el periodo activo de vegetación. Este planteamiento también adquiere una doble vertiente; de una parte, la ambientalista, por la que los procesos de deshidratación del suelo conducen a fases de sequía edafológica, en primer término, y a pérdida de capacidad productiva de los mismos, y por tanto, desde el punto de vista agrológico, de capacidad para mantener a unos determinados contingentes demográficos.
El agotamiento del agua subterránea es la amenaza oculta para producción agrícola, por lo que si ese recurso no se administra de forma más sostenible puede que algunas de las zonas de una agricultura más próspera tengan que enfrentarse a una crisis profunda en el futuro, de ahí la necesidad de la creación de bancos públicos de agua. Donde se depende del agua subterránea para la irrigación, el exceso de extracción de agua está provocando que los niveles freáticos estén descendiendo a un ritmo muy alarmante.
Pero también es necesario cubrir las necesidades divergentes del entorno urbano y turístico. Y si por un lado, hace falta garantizar el suministro de agua potable, por otro, conseguir una nueva forma de pensar que valore el agua. Y será necesario que los usuarios paguemos un precio que se ajuste a la realidad.
La nueva filosofía del agua en Andalucía plantea la revisión de los criterios de asignación del agua, especialmente en lo que respecta a las actividades económicas, enfatizando los argumentos de sostenibilidad y uso racional del recurso, como bien escaso, mediante prácticas de optimización y desarrollo de sistemas integrales de utilización. Y para ello, se necesita la participación de los miembros de la sociedad para que desde cada una de sus actividades: en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en la comunidad…consideren el valor del agua y su uso eficiente.
La participación ciudadana en la toma de decisiones para el uso del agua se debe complementar con aquellas que se llevan a cabo de manera institucional a través del Consejo Andaluz del Agua y de las comisiones de cuenca. Todo ello, sin olvidar la necesidad de gestionar con eficiencia las utilidades económicas del agua como recurso productivo, conforma las claves de la futura Ley de Aguas de Andalucía.
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