Tribuna Económica

gumersindo / ruiz

Por una nueva política económica

LA política económica tiene la política de nombre y la economía de apellido. No hay economía sin política. Sin embargo, el debate político actual en España y en Andalucía parece no influir sobre la bolsa española, pues aunque permanece casi plana en lo que va de año, ha subido un 5%, precisamente en unas de las semanas más oscuras en política, y la deuda pública sigue con una fuerte demanda y se paga a menos de un 5% a diez años. Está claro que puede más la necesidad de obtener una rentabilidad para el ahorro que ninguna otra razón, y se corre el riesgo; los debates están descontados y no se espera ya nada de ellos, ni malo ni bueno. Las ganancias de las bolsas europeas, sobre todo la alemana, con una subida de más del 10% en el año, vienen de la presión del resto de países de la Eurozona, que invierten sin riesgo de divisa. Sería interesante plantear una política de financiación mediante conversión de deuda en capital dentro de la Eurozona, y estoy pensando en deuda privada y pública; pero quizás es pedir demasiado a quienes son felices con un euro fuerte, financiación pública barata y millones de parados.

Las medidas que ha llevado a cabo el gobierno no han dado resultado; cuando se analicen con la perspectiva del tiempo veremos que han provocado una recesión económica, con pérdida de actividad productiva, más paro y más déficit público, de la que no se puede salir sin ayuda exterior. Hablando del exterior, pocas instituciones presentan una quiebra intelectual como la del Fondo Monetario Internacional (FMI)), cuyos técnicos siguen careciendo del menos común de todos los sentidos, después de haber llevado a tantos países a la ruina. A quién se le ocurre pedir ahora la reducción de los salarios medios en España de un 10%, en un país donde el problema no es el coste salarial, sino cotizaciones e impuestos, y la falta de proyectos empresariales que demanden mano de obra.

Sin embargo, hay cuestiones que deberían estar ya en la agenda política y no esperar al otoño. La primera, entender y aceptar que es tal la ansiedad por salir de esta situación que cualquier dato positivo sobre el paro, las exportaciones, el turismo o las ventas de automóviles se toma con una infundada esperanza. Yo miro siempre, desde hace cinco años, a las estadísticas de la vivienda y la práctica inexistencia de visados de obra nueva, que hace imposible la recuperación. De los 19 millones de parados del área del euro, casi seis millones son españoles; es un problema de tal dimensión que no podemos esperar a ver si baja un poco cada mes, sino que exige trabajar con objetivos. Un paro para la economía española no superior al 12%, y del 15% para la andaluza, es un objetivo a plantear, estableciendo un plazo y un calendario, y generando compromisos en Europa. Hay que tener un plan que una todas las variables: inversiones, población activa y emigración, efectos sobre el consumo, financiación de nuestras empresas, reestructuración de la deuda, puesta en valor de activos no utilizados en su más amplio sentido. La voluntad planificadora, la ejecución de un plan, es el único lenguaje aceptable con que la política puede hoy hablar a la economía.

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