La ciudad y los días

Carlos / Colón

El opio de las ideologías totalitarias

14 de julio 2014 - 01:00

RECORDABA no hace mucho Santos Juliá el terrible dictamen de Julien Benda: "el XX es el siglo de la organización intelectual de los odios políticos". Visto que lo escribió en 1927 en su clásico La traición de los intelectuales, y que el hombre sólo se basaba en las irrupciones del comunismo leninista desde 1917 y del fascismo desde 1922, faltando un año para que Stalin tomara el poder y cinco para que lo hiciera Hitler, hay que reconocerle un don profético. En 1927 se veía venir lo que 12 años más tarde estallaría, pero siempre son pocos los meteorólogos o sismólogos de la historia que saben interpretar los signos que anuncian una tormenta o un terremoto (y aun así sirve de poco para los demás e incluso para ellos mismos: Benda acabó sucumbiendo al estalinismo y defendiendo la farsa de los procesos de Moscú).

El mérito de Benda, según Santos Juliá, fue denunciar que eran muchos los intelectuales que "habían desertado de los valores universalistas de la verdad, la justicia y la razón para ponerse al servicio de la pasión particularista de la nación"; y pocos los que mantenían "su compromiso con la verdad, la justicia y la razón por encima de cualquier pasión política".

Con mayor rigor e imparcialidad que Benda, Raymond Aron volvió sobre el argumento tres décadas más tarde en su imprescindible El opio de los intelectuales, asombroso ejercicio de lucidez democrática publicado en 1955, cuando casi toda la intelectualidad francesa, y gran parte de la europea, hacía reverencias al estalinismo. Urge leer o releer a Aron. Regálense sus Memorias y El opio de los intelectuales (RBA) o su Ensayo sobre las libertades (Alianza); y el ensayo que junto a Blum y Camus le dedica Tony Judt en El peso de la responsabilidad (Taurus).

Urge hacerlo porque en estas primeras décadas del siglo XXI las ideologías antidemocráticas vuelven a despuntar en el horizonte de Europa en forma del fuerte ascenso de la extrema derecha en Francia, Austria o Dinamarca y del crecimiento de la extrema izquierda en España o Grecia; apoyadas por intelectuales (o lo que más se parezca ahora a ellos) dispuestos una vez más a infectar a toda la sociedad con los virus totalitarios incubados en sus laboratorios universitarios o importados de las dictaduras populistas latinoamericanas. El peligro de lo que Todorov ha llamado "el ideal como ceguera" que afecta a ciertas élites intelectuales.

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